domingo, 2 de octubre de 2011

Lo que le haría a Audrey


En otra de las secciones de este blog (http://loshermanoslumiere.blogspot.com/2011/10/lo-que-les-haria-las-estrellas.html), ya hemos visto lo que Hitchcock le hubiese hecho a La Garbo:


"Para la Garbo no me molestaría en elaborar mi trama enrevesada de costumbre. Elegiría una historia muy sencilla sobre la vida y el amor y tendría que dirigir lo menos posible, utilizando la cámara meramente como vehículo para la caracterización de la actriz. Cuanto más grande es el artista menos ingenio directorial es necesario".




Estas declaraciones están sacadas del libro Hitchcock por Hitchcock, de Sidney Gottlieb, una especie de biografía depurada.

En ella sólo queda lo espontáneo: lo que Hitchcock dijo o escribió en diferentes momentos de su vida.

Lo de La Garbo, aparece en el capítulo titulado "Lo que les haría a las estrellas", que es una entrevista de 1939, es decir, en el momento justo en el que Hitchcock cerraba su etapa británica y empezaba su carrera en Hollywood. Tenía un futuro ominoso ante sí y todo lo que podía hacer era frotarse las manos como un niño ante una mesa llena de pasteles, sólo que los pasteles en este caso eran los actores y actrices con los que quería trabajar:

Así decía:

"Estoy impaciente por ponerle las manos encima a las estrellas americanas. Algunas de ellas son tan eficaces que será un placer dirigirlas, y hay otras a las que me gustaría mucho desenmascarar. Me gustaría mucho mostrar a la Dietrich chupando una manzana confitada".

¡Toma ya! La Dietrich chupando una manzana... Once años después la dirigiría en Pánico en la escena, pero no me consta que chupara ninguna pieza de fruta.

"Me gustaría tener a Clark Gable en una caracterización mucho más profunda que las que ha interpretado hasta ahora".

¿Gable poco profundo? No sé si Hitchcock había visto Lo que el viento se llevó (1939) cuando dijo esto. De todas formas, nunca llegaron a trabajar juntos.

"Por supuesto, me gustaría dirigir a Gary Cooper. Él también es una actor que se adapta bien a la clase de películas que me gusta hacer. Hay quien dice que Cooper no sabe actuar en absoluto y que debe su atractivo a una larga sucesión de buenos directores. Eso es totalmente absurdo".

Otro propósito frustrado: Hitchcock y Cooper nunca hicieron una película juntos.

"Es cierto que en algunas de mis películas británicas me he concentrado sobre todo en el desarrollo de los personajes masculinos, pero esto se debe a que siempre he encontrado extremadamente difícil conseguir que las actrices británicas reaccionen con naturalidad ante una situación humana. Si arrojas a una actriz británica a un baño de agua fría, ella seguirá emergiendo a la superficie intentando conservar un aire digno y distante. No creo que las actrices americanas sean tan inhibidas. Ninguna chica inglesa podría alcanzar el grado de eficacia conseguido por Carole Lombard. Creo que, tratada con imaginación, la Lombard es capaz de ofrecer una actuación igual a la de los mejores actores masculinos, como Muni o Leslie Howard".

Al menos con Carole Lombard tuvo más suerte, pero ¡por poco! Llegó a dirigirla en Matrimonio original un año antes de que la actriz y esposa de Clark Gable falleciera en un accidente de avión.

Con respecto a la divina Garbo, lo siento por Hitch, porque ella ya tenía pensado retirarse antes de que el público pudiera detectar una sola arruga en su rostro.

"Si fuera a dirigir a la Hepburn le daría un papel que evocara al que interpretó en Gloria por un día. La chica estridente y de voz ronca de esa película era la verdadera Hepburn".

¡Pues con ella tampoco! Me gustaría saber qué pasó para que el director y la actriz cohabitaran durante tantos años en el mismo mundillo sin llegar nunca a nada. ¿Problemas de agenda? ¿De presupuesto? ¿Desavenencias personales?

"No hay prácticamente ninguna estrella de Hollywood cuyo potencial no me gustaría intentar modificar o desarrollar según el papel que interpretara".

Menos mal que eras flexible, Alfred, porque los pasteles que señalaste no fueron para nada los que acabaste comiéndote.

¿Por qué no dijiste nada de Cary Grant (Sospecha, Encadenados, Atrapa a un ladrón, Con la muerte en los talones) o Jimmy Stewart (La soga, La ventana indiscreta, El hombre que sabía demasiado, De entre los muertos)? Cuatro películas con cada uno. Lo habrías clavado.

Y... ¿qué habría dicho de imaginarse a Audrey... leyendo un libro sobre él...?

Qué se le va a hacer. La mayoría de las veces uno no consigue exactamente lo que desea... pero con un poco de suerte se obtiene algo inesperado y mejor.

viernes, 10 de junio de 2011

Cómo robar un millón... (y con éste van dos)



Y decimos que van dos, porque en marzo ya pusimos un post sobre esta película que es la tercera y última colaboración de Audrey Hepburn con William Wyler ("Vacaciones en Roma", 1953). Rodada en exteriores de París y en estudio, se estrenó en enero de 1966. Fue nominada al WGA al mejor guión de comedia americana. El productor fue Fred Kolhmar ("Pal Joey"), en su penúltimo trabajo.La acción tiene lugar en París en 1965. Narra la historia de Nicole Bonnet (Hepburn), hija de un rico propietario, pintor de falsificaciones de grandes maestros, como Van Gogh, que pone a la venta. Cuando Nicole advierte que su padre, Charles (Hugh Griffith), ha cometido el grave error de ceder temporalnente al Museo Nacional una falsa "Venus" de Cellini, decide contratar los servicios de un ladrón de guante blanco, Simon Dermont (Peter O'Toole), para recuperar la pieza antes de que se advierta su falsedad.La película es una comedia de humor, deliciosa y cautivadora, que se apoya sobre todo en la expresión visual. Enmarca la acción en un ambiente elegante y distinguido, en el que Hepburn se encuentra muy cómoda. Su relación con Simon muestra una simpatía que traspira frescura y verosimilitud. La imagen del padre, exagerada y chocante, refleja inconciencia, falta de sentido del riesgo y escasísima inteligencia, lo que obliga a la hija, lúcida y hábil, a asumir el papel de hada protectora, aún a riesgo de la propia seguridad. Son escenas destacadas la del trastero de dimensiones muy reducidas que usan los protagonistas durante el robo; la visita de Nicole al Ritz, vestida de negro y con el rostro cubierto con un velo, para contratar a Simon; la marcha por las calles de París del forgón blindado con escolta. Las imágenes exteriores de París constituyen un gratificante documento retrospectivo.La música es de John Williams, en una de sus primeras intervenciones en cine. Ofrece una excelente banda sonora, ajustada a la acción, que incluye marchas metálicas triunfales (recorrido del furgón), solos románticos de piano (encuentros de Nicole y Simon), composiciones orquestales que subrayan la comicidad y silencios que elevan el clima de suspense (escena del robo). La fotografía, de Charles Lang, incluye planos secuencia, visiones panorámicas con preferencia sobre primeros planos y un movimiento de cámara que no sigue a los actores, sino que deja que éstos se muevan en el espacio escénico. Usa una paleta exhuberante de colores vibrantes, muy bien armonizados. El vestuario de Hepburn, diseñado por Givenchy, su modisto preferido, es variado y magnífico. Las joyas de Cartier refuerzan el aire de distincion de Nicole. El guión, último trabajo de Henry Kurnitz ("Hatari!"), desarrolla la acción de modo irónico y alegre, con diálogos chispeantes y malentendidos jocosos. La dirección exhibe maestría, si bien imprime a la acción un ritmo más pausado del conveniente a una comedia.Película de grato entretenimiento, de humor fresco y jovial, en la que el factor visual es el elemento más importante de la narración.


El anterior puedes verlo en http://audreyhepburn-elegancia.blogspot.com/2011/03/como-robar-un-millon.html .




sábado, 4 de junio de 2011

Mansiones verdes


Única cinta en la que Mel Ferrer dirige a su esposa Audrey Hepburn. El rodaje abarca desde el 15 de julio hasta el 6 de noviembre de 1958, siendo su estreno el 19 de marzo de 1959 en el Radio City Music Hall de Nueva York. Fue un fracaso de crítica y público.Se basa en la novela del mismo título de W.H. Hudson, publicada en 1904. Narra la historia de Abel, un refugiado político que conoce en la selva sudamericana a una misteriosa adolescente llamada Rima, criada desde niña en la selva y amante del mundo natural y los animales.El guión es de Dorothy Kingsley, autora de varios guiones musicales de la Metro.Las tomas de fondo se realizaron en Venezuela y la Guayana Británica pero las tomas con los actores se hicieron en un estudio de la Metro en Culver City, California.Todos los planos rodados en exteriores son lejanos, realizados por extras y en los que aparecen los protagonistas se vislumbra claramente que son una recreación de estudio.Lo que a priori podría pensarse como una excelente oportunidad para ver una, como mínimo, entretenida película de aventuras en la selva exótica, va derrumbándose poco a poco con el paso de los minutos. El mayor activo del film, Audrey Hepburn, no aparece hasta bien empezado y aunque su presencia es lo más destacado, no consigue levantar el lánguido film. Para empezar porque el guión es incongruente (la prueba de Anthony Perkins con los indios, la serpiente, la sobada excusa del oro,...).La música no concuerda, es altisonante y a veces, desbordante en exceso.Pero, con todo, lo peor es la falta de química entre Anthony Perkins y la protagonista de “Vacaciones en Roma”. Queda claro que el protagonista de “Psicosis” no funciona aquí como galán. Muestra una considerable falta de “dote romántica” con la guapísima Audrey. Se echa en falta algún pequeño toque de humor, que suele adornar algunas películas de aventuras.El vestuario de Tony Perkins no se arruga en todo el film y el inadecuado vestido selvático de Audey tampoco (ni se ensucia nunca). Mel Ferrer no imprime ningún ritmo al film, que carece de emoción prácticamente desde el comienzo al final y la tensión dramática brilla por su ausencia. No funciona como film de aventuras ni como historia de amor.Algo positivo: la fotografía en magnífica Panavision, la primera película de Hollywood en utilizar este sistema.


Es cierto que se trata, por lo tanto, de una película menor si la comparamos con la extensa filmografía llena de tantos éxitos en la carrera de la bella actriz, sin embargo siempre es un deleite ver a Audrey tan joven y bella como siempre será recordada, amada por la luces y la cámara Audrey siempre enamora en cada uno de sus películas.

jueves, 12 de mayo de 2011

Los que no perdonan



Según declara el propio Huston en su biografía, ésta era una película que no podía soportar. Volvemos a lo de siempre: el autor suele ser el crítico menos confiable de su propia obra. Porque él tendrá en cuenta los problemas que le supuso, las incómodas presiones que sufrió, las diferencias con el resto de profesionales...; y éstas son cosas que al espectador, salvo que sea uno de esos mitómanos más preocupado por la rumorología y cotilleos que rodean a la película que por esta misma, le deberían importar muy poco. Esta vez los problemas los tuvo con Burt Lancaster, que aquí ejercía también de productor, quien, en opinión de Huston —y en parte estoy de acuerdo—, impidió que se aprovecharan mejor la conflictiva relación entre los hermanos y la figura del indio secundario, entre otros aspectos, y exigió dar más protagonismo a la historia de amor. Otro motivo, más importante aún si cabe, fue el sentimiento de culpa por el grave accidente que tuvo Audrey (más abajo, en la sección de Curiosidades, explico mejor el percance).Lo que ya no soy capaz de justificar o explicar es la abismal diferencia entre mi opinión y la de aquellos críticos estadounidenses que vapulearon la película el día de su estreno. Dejo la labor en manos de algún otro usuario cuya perspectiva haya encontrado más fallos que la mía, que seguro que lo hay, y también tiene su derecho a expresarse.Por otra parte, independientemente del guión, reconozco que hay tramos en los que veo al director bastante perdido. Para mi gusto, la presentación, sobre todo en lo que toca a la muchacha interpretada por Hepburn, llega a ser tan cursi como la peor de las navidades en 'La casa de la pradera'. El asedio de los indios se alarga demasiado y no se cierra elegantemente, hay tres o cuatro incoherencias —por ejemplo: los indios caen como moscas; las mujeres, que en ningún momento han sido presentadas como pistoleras, disparan a matar con una sangre fría impropia de un ser humano—, y la música no la encuentro especialmente inspirada.


No obstante, me parece bastante intrigante; a pesar de todo, la historia sobre racismo, secretos, mentiras y pasados ocultos me parece muy buena. Y ofrece además algunos detalles soberbios que pasan por ser de lo mejor del western: las escenas de doma; la persecución del loco en plena tormenta de arena; la batalla psicológica que se desencadena con el piano, que me parece brutal; una Audrey que pasa creíblemente por india kiowa; el juego con las caricias de Lancaster a su hermana; una fotografía más oscura de lo habitual; pero sobre todo la escena del ahorcamiento, que es una maravilla en la que se condensan la locura, el odio y la venganza.Curiosidades:• Durante el rodaje, Audrey, que estaba preñada de unos pocos meses, cayó de un caballo encabritado y terminó con cuatro vértebras fracturadas, un esguince de tobillo y desgarros en varios músculos de la espalda. Mel Ferrer, por aquel entonces su marido, presionó para intentar cancelar la producción por completo, pero los productores sólo aceptaron conceder las seis semanas de reposo que los médicos juzgaron para una recuperación suficiente. Durante la convalecencia se rodaron algunas escenas con un doble; tras ella, e incluso a petición propia, se reincorporó para finalizar su trabajo. A causa de los refuerzos ortopédicos que tenía que llevar en la espalda, se rehizo su vestuario. El accidente hizo que su bebé, ya finalizado el rodaje, naciera muerto en lo que supuso el segundo embarazo frustrado de la actriz. Esto la sumió en una grave depresión que hizo temer por su salud mental: llegó a pesar cuarenta kilos, a fumar más de tres paquetes de cigarrillos al día y a destrozarse los dedos de tanto morderse las uñas. Audrey tendría aún otros tres abortos, pero también dos hijos sanos que quizás la salvaron de la locura, pues una de sus obsesiones, ya desde niña, era ser madre de una familia numerosa.• Antes de comenzar el rodaje, Huston y Lancaster se llevaron a la actriz Lillian Gish (la que hace de matriarca de la familia Zachary) al desierto para enseñarle a disparar, puesto que su papel lo requería. Pero la sorpresa fue mayúscula cuando descubrieron que la "novata" era capaz de tirar con más precisión y rapidez que ellos, que se consideraban expertos. Resultaba que ella, en sus comienzos en el cine, había coincidido en el reparto de una película con el famoso pistolero Al J. Jennings, que se había pasado al mundo del espectáculo tras haber cumplido una larga condena por robo, y le había enseñado a disparar. Como fue una práctica que le gustó, con los años se había convertido en una experta.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Historia de una monja




Si hay algo que este drama de Zinnemann nos comunica con fuerza, es que lo único que podemos hacer es ser quienes somos.No sirve de nada engañar a los demás y tratar de engañarnos a nosotros mismos, pretendiendo ser alguien que no podemos ser.Muchas de las decisiones que tomamos implican compromisos, renuncias, bendiciones, sacrificios, alegrías y sufrimientos, en distintas proporciones. Una mujer que se consagra a ser monja debe aceptar y hacer suyos el compromiso, la renuncia, el sacrificio y el sufrimiento, recibiendo a cambio las bendiciones y las alegrías que conlleva la recompensa espiritual y divina. Librará una lucha constante para despojarse de su orgullo, de su vanidad, de su amor propio, de sus deseos carnales y de su rebeldía. Tendrá que esforzarse cada día por ese camino de perfección lleno de humanas imperfecciones, tendrá que tropezar mil veces para levantarse mil veces y seguir. Porque el orgullo, la vanidad, el amor propio, los deseos carnales y la rebeldía son como los pulmones, como el corazón, como todos los órganos vitales. Están tan presentes y tan arraigados en nuestro espíritu como los órganos lo están en nuestro cuerpo.Por ello, el camino de una esposa de Cristo no es como caminar por la ininterrumpida paz de un túnel de luz cegadora. Puede llegar a ser un camino lleno de zarzales espinosos que rara vez ofrece paz interior. Porque la verdadera virtud de quien se consagra a Dios no es la imposible posesión de la perfección del alma, sino su búsqueda incansable. Sabiendo que la lucha será perpetua y aceptándola como la parte más difícil del sacrificio.Tratar sin tregua de vencer los mundanos impulsos y sentimientos. Sin lograrlo completamente, pero domándolos y controlándolos cada vez con mayor eficacia, gracias a la ayuda de la experiencia, de la fuerza interior y, sobre todo, de la verdadera vocación. Puede que esto último sea lo más esencial para lograrlo.Zinnemann, por medio de la batalla interna de la hermana Lucas, nos muestra una de las cosas más complicadas en esta vida: encontrarte a ti mismo.


jueves, 5 de mayo de 2011

Lástima: ¡Sólo era un cuento!



De todas las películas que podría elegir para hacer poner el 10, tengo que elegir esta; no es mi película favorita, ni la considero la mejor película de la historia. Pero tiene que ser esta.Y eso que odio la enorme mayoria de comedias románticas; de hecho, odio las historias que cuentan. Sus personajes me parecen tan típicos, que consiguen que a la media hora de película desee que sus protagonistas tengan cualquier tipo de accidente mortal. Y los finales felices me hacen desear que un meterito caiga en la Tierra y todos muramos. Pero es que esta película no cuenta una historia, sino un cuento, un cuento de hadas. Wyler parte de una explícita crítica a la alta aristocracia, para luego contarnos el cuento de Cenicienta, pero a la inversa, lo cual le otorga si cabe un mayor encanto. Un cuento, solo un cuento, pero maravilloso.Esta vez los personajes sí que enganchan; ¿cómo, que alguien me lo explique, no va a enganchar la mayor belleza que ha dado la naturaleza, Audrey Hepburn? Peck cumple con su parte, en un papel , que siendo sinceros, tal vez le habría venido mejor a algún otro. Enseguida se identifica uno con ellos, y desea ser él, el que vive esa historia. Yo a los 10 minutos ya estaba deseando ser el afortunado periodista que se encuentra, de sopetón, con Audrey, una princesa atacada por un brote de rebeldía, que abandona la opresiva atmósfera de su ambiente, para descubrir el mundo real, y las emociones que lo convierten en tal, sobre todo el amor.Un affair desarrollado con soltura, sin los saltos bruscos que a veces podría achacarse a las comedias románticas antiguas, que va in crescendo a lo largo de toda la película, durante el cual se aprovecha para desvelar los encantos de la ciudad romana, haciendo uso de una fotografía fantástica, y dejando además por el camino una serie de situaciones que hacen esbozar sin quererlo una bonita sonrisa a cualquiera (el que quiera descojonarse, que opte por los hermanos Marx, o los Python).Del final, que hablaré en el spoiler, solo diré que es lo que la convierte en una de las grandes, de las inmortales; cualquier otro, como en Casablanca, habría dado al traste con toda la película. El final de esta película me hizo estar pensando en ella un par de días sin quitármela de la cabeza.Ese si que lo contaría tal vez entre los 10 mejores de la historia del cine.Véanla, y les aseguro que se divertirán, que sonreirán, y casi con toda seguridad, no podrán evitar llorar. Audrey, preciosa, has sido la estrella más hipnótica de todos los tiempos. Ojala tuvieras ahora 23 años, porque te pediría que te cases conmigo.Al fin y al cabo, solo sería un cuento.
El final, como digo, es sensacional; pero tengo que reconocer que es la ostia más grande que me han dado en el costado izquierdo desde que me dejo mi propia novia. Ese travelling, con Peck caminando de espaldas al pasillo, dirigiéndose a la resignación, es el momento que mayor angustia he pasado en mas de mil películas. Peck camina, dando la espalda a la puerta por la que la reina Ana acaba de salir, avanzando por un pasillo desierto, custodiado por guardias protocolarios, y mientras, el espectador no puede dejar de desear, de anhelar, que Ana regrese, corriendo, rompiendo las reglas de su vida, haciendo caso de su corazón, y no de su cabeza, a los brazos de Peck. Al final del pasillo, una última mirada atrás de Peck, acompaña la vista del espectador.Pero no, Ana no aparece. No podía ser. La cabeza, las reglas, ganan. Ana no sale, y Peck se va. Fin. Y yo que lo sentí tanto como si el que hubiera perdido a Audrey hubiera sido yo. Qué se le va a hacer. Al fin y al cabo, solo era un cuento.


lunes, 2 de mayo de 2011

El encanto, la vulnerabilidad y la inocencia




El encanto, vulnerabilidad e inocencia de Audrey Hepburn continúan cautivando a millones de admiradores. La inolvidable protagonista de 'Desayuno con diamantes', 'Sabrina' y 'My Fair Lady' falleció víctima de un cáncer de colon el 20 de enero de 1993 y, trece años después de su muerte, sigue siendo recordada por su estilo y elegancia. De grandes ojos y largo cuello, 'la princesa de Hollywood' -el apodo se lo puso Frank Sinatra- es el nombre del último trabajo del que es el biógrafo de las estrellas, Donald Spoto. A lo largo de cuatrocientas páginas, este cronista de la meca del cine hace un triste y emotivo retrato de este icono del siglo XX en 'La biografía' (Lumen'), desde su infancia en Holanda durante la Segunda Guerra Mundial hasta sus intentos por triunfar en el mundo del ballet, sus primeros pasos en el mundo del cine, su triunfo como actriz, sus «desgraciados» matrimonios y su dedicación a los más desfavorecidos en los últimos años de su vida.El también autor de las biografías de Hitchcock, Marlene Dietrich, Marilyn Monroe e Ingrid Bergman aplaude el que la desaparecida intérprete belga esté de moda. «El resurgimiento de su figura, que me viene muy bien, tiene su base en que la gente está cansada de la era de los vaqueros rotos y se empieza a valorar el buen gusto y la elegancia. Y Audrey representa la elegancia», dice Spoto, que ha rescatdo documentos y dedicado muchas horas de conversación con amigos y compañeros de esta mujer de apariencia frágil que, en palabras del escritor, siempre tuvo como compañeros de viaje el miedo y la inseguridad.Dice Spoto que esta hija de una baronesa holandesa que se arruinó durante la guerra y tuvo que trabajar como cocinera y florista «no era un santa y tampoco un diablo, sino una persona que sufrió, lucho mucho y fue muy infeliz y, a pesar de todo, hizo un gran esfuerzo para que el mundo fuera mejor. Me ha sorprendico la profundidad de su sufrimiento porque, episodio tras episodio, vivió el abandono de su padre, la II Guerra Mundial, la decepción de no poder ser bailarina clásica, sus infelices matrimonios, seis abortos...Pero no fue de víctima», apostilla.Con el mismo apellido que otra de las grandes -Katharine Hepburn-, este ángel de la guarda para los niños del mundo -fue embajadora especial de UNICEF- fue una niña «melancólica y callada» que desde los seis años tuvo que vencer «desafíos y obstáculos».




sábado, 16 de abril de 2011

Grace Kelly and Audrey Hepburn-the true fashion icons

It's So Audrey! A Style Icon

Sean Connery



Actor escocés nacido el 25 de agosto de 1930 en Edimburgo, Escocia (Gran Bretaña). De fornida (mide 1'89) y distinguida presencia, Thomas Sean Connery alcanzó la fama a comienzos de los años 60 gracias a incorporar a James Bond, el espía británico ideado por el escritor Ian Fleming. Su talento interpretativo logró que no se le encasillara en el citado personaje, desarrollando en su larga trayectoria profesional una digna carrera cinematográfica al margen de su importante contribución al éxito de la serie dedicada al agente 007. Sean Connery se crió en una familia de clase media baja (su madre era ama de casa y su padre era camionero), no demasiado amante del academicismo abandonó el colegio a los 13 años para ayudar a la economía familiar trabajando como repartidor de leche. Posteriormente se enrolaría en la marina británica, que tuvo que abandonar debido a problemas de salud derivados de una úlcera de estómago. En su juventud dedicada mucho tiempo al ejercicio físico, en especial la práctica del body building, que le llevaría a labrar un atlético cuerpo, a participar en el concurso de "Mister Universo" (quedando en tercera posición en la categoría de gente de más de 1'80) y a proporcionarle empleos como modelo para escuelas de arte o socorrista. Tras trabajar en diferentes oficios, Connery descubrió su verdadera vocación cuando a los 20 años participó como chico del coro en la producción musical "South Pacific", inicio de diversas apariciones de Sean tanto en el teatro londidense como en el panorama televisivo británico. En ese momento y estimulado por su amigo el actor Robert Henderson se convirtió en un gran amante de la lectura, devorando con ardor todo tipo de estilos literarios, especialmente obras teatrales.


En la segunda mitad de la década de los 50 debutó en el cine, con películas como "Ruta infernal" (1957) de Cy Endfield, "La frontera del terror" (1957) de Terence Young, "Brumas de inquietud" (1958) de Lewis Allen o "La gran aventura de Tarzán" (1958) con Gordon Scott haciendo del hombre mono bajo dirección de John Guillermin. EN 1962 se convertiría en una superestrella al ser elegido para encarnar a James Bond en la película "007 contra el Doctor No" (1962), primer título dedicado a la serie del agente británico que sería realizado por Terence Young. Los otros títulos de Bond con Sean Connery de protagonista fueron "Desde Rusia con amor" (1963) de Young, "James Bond contra Goldfinger" (1964) de Guy Hamilton, "Operación trueno" (1965) de Young, "Sólo se vive dos veces" (1967) de Lewis Gilbert, "Diamantes para la eternidad" (1971) de Guy Hamilton y "Nunca digas nunca jamás" (1983) de Irvin Kershner.


Además de sus películas como 007, Sean Connery en los años 60 apareció en títulos estimables como la superproducción bélica "El dia más largo" (1962), "Marnie, la ladrona" (1964) de Alfred Hitchcock, "The Hill" (1965) de Sidney Lumet o "Un loco maravilloso" (1966) de Irvin Kershner. También en esa década contrajo su primer matrimonio, llevado a cabo en 1962 con la actriz australiana Diane Cilento, vista en títulos como "Tom Jones" o "El tormento y el éxtasis". Se divorciarían en 1974 teniendo en común a un hijo llamado Jason, quien con el paso de los años seguiría el camino interpretativo de sus progenitores. Los años 70 sirvieron para que Connery se alejara de James Bond y demostrara que su capacidad de actuación sobrepasaba el estancamiento en un personaje, consiguiendo espléndidas interpretaciones en destacados films como "La ofensa" (1973) de Lumet, "Zardoz" (1974) de John Boorman, "Asesinato en el Oriente Express" (1974), de nuevo dirigido por Lumet, "El hombre que pudo reinar" (1975) de John Huston, "El viento y el león" (1975) de John Millius, "Robin y Marian" (1976) de Richard Lester, "El primer gran asalto al tren" (1979) de Michael Crichton o "Cuba" (1979), film realizado por Richard Lester. En 1975 se casó en Gibraltar con la pintora Micheline Roquebrune, tras conocerla en un torneo de golf organizado en la ciudad marroquí de Casablanca. Su madurez como persona y actor prosiguió en las siguientes décadas, aumentando aún más si cabe su prestigio como actor y su sex appeal entre la audiencia femenina.


Las películas más populares de su última etapa son "El nombre de la rosa" (1986) de Jean Jacques Annaud, "Los inmortales" (1986) de Russell Mulcahy, "Los intocables de Eliot Ness" (1987) de Brian de Palma, "Indiana Jones y la última cruzada" (1989) de Steven Spielberg, "La caza del octubre rojo" (1990) de John McTiernan, "La casa rusia" (1990) de Fred Schepisi, "Los últimos días del Edén" (1992) de McTiernan, "La roca" (1995) de Michael Bay o "La trampa" (1999) de Jon Amiel.Por su interpretación en "Los intocables de Eliot Ness" lograría el Oscar al mejor actor secundario. Los otros candidatos eran Denzel Washington por "Grita libertad", Vincent Gardenia por "Hechizo de luna", Albert Brooks por "Al filo de la noticia" y Morgan Freeman por "El reportero de la calle 42".


La seductora presencia y el saber hacer delante de las cámaras del actor escocés continúa en el panorama cinematográfico actual de Hollywood, sin que su estatus estelar haya sufrido declive con el paso de los decenios.


Robin y Marian




DIRECTOR Richard Lester GUIÓN James Goldman MÚSICA John Barry FOTOGRAFÍA David Watkin REPARTO Sean Connery, Audrey Hepburn, Robert Shaw, Richard Harris, Ian Holm, Nicol Williamson, Denholm Elliott, Kenneth Haigh, Ronnie Parker, Bill Maynard, Esmond Knight, Veronica Quilligan, Peter Butterworth, John Barrett, Kenneth Cranhan, Victoria Abril PRODUCTORA Columbia Pictures / Rastar Pictures SINOPSIS Desilusionados por los años que perdieron luchando como cruzados en Tierra Santa, Robin Hood y su amigo Little John regresan a Inglaterra y se dan cuenta de que todo ha vuelto a ser como antes.


Robin Hood vuelve a Sherwood, pero el bosque ya no es lo que era. Deliciosa cinta de aventuras capitaneada por unos sobresalientes Connery y Hepburn. Sin duda, el mejor filme de Lester


Hermosísimo y crepuscular filme de Richard Lester. La leyenda de Robin Hood, narrada en otras épocas con briosos aires de aventuras indoloras, se vuelve aquí melancólica, violenta y real. La insólita propuesta es abordar al legendario personaje, en su etapa madura, mecido por maravillosas historias de amor y amistad (estupendos los personajes de Nicol Williamson-Little John y Robert Shaw-Sheriff). Además, de regalo, cuenta con una de las declaraciones de amor (la de Audrey Hepburn a Sean Connery) más conmovedoras de la historia del cine.


viernes, 8 de abril de 2011

My Fair Lady

GIFSoup
My Fair Lady es una comedia musical ideada por Gabriel Pascal, cuyo libreto y música firmaron Alan Jay Lerner (letras) y Frederick Loewe (música). Está basada en la obra teatral Pigmalión de George Bernard Shaw.


La historia relata la vida de Eliza Doolittle, una florista callejera londinense a quien el profesor de fonética Henry Higgins, después de una apuesta con su amigo el coronel Pickering, propone darle clases para poder pasar por una dama de la alta sociedad. Higgins se atribuye el éxito de la empresa menospreciando el esfuerzo de Eliza, quien tiene una gran desilusión, aunque finalmente le acaba perdonando y decide quedarse con él.

El musical de Broadway de 1956 fue un gran éxito, estableciendo un nuevo récord del musical más representado en la historia. Le siguió una producción teatral en Londres, una exitosa película y numerosas reposiciones. Se considera «el musical perfecto»


En 1964 se lleva al cine dirigida por George Cukor y protagonizada por Rex Harrison y Audrey Hepburn, adaptación del musical teatral del mismo título de Alan Jay Lerner y Frederick Loewe, que a su vez se había basado en la obra de teatro Pigmalión de George Bernard Shaw. Esta película recibió ocho Premios Óscar, incluyendo mejor película, actor y director.


Argumento

Londres, 1912. Una tarde lluviosa en Covent Garden, al salir de la ópera encontramos a Henry Higgins (Rex Harrison), un arrogante, irascible y misógino profesor de fonética, que cree que el habla de una persona determina su futuro social. Presume de ello frente al Coronel Hugh Pickering (Wilfrid Hyde-White), también experto en fonética y admirador de sus métodos, asegurando que puede enseñar a cualquier mujer a hablar con propiedad hasta el punto de hacerla pasar por duquesa en el baile anual de la Embajada. Para ello cita como ejemplo a una joven florista callejera llamada Eliza Doolittle (Audrey Hepburn), con un fuerte acento cockney, la cual había sufrido un percance con el público que salía de la ópera que la había enfadado y no paraba de quejarse por ello.

Eliza se dirige al día siguiente a la casa de Higgins para recibir clases de dicción. Su ambición es trabajar en una floristería, pero su acento le impide llegar tan lejos. Sólo puede pagarle un chelín por clase, estando Higgins acostumbrado a clientes con mayor poder adquisitivo. El Coronel Pickering, que está con Higgins, se siente intrigado por la idea y apuesta a Higgins todos los gastos del experimento a que no consigue hacerla pasar por una dama de la alta sociedad en seis meses, desafío que Higgins acepta.

El padre de Eliza, Alfred P. Doolittle (Stanley Holloway), basurero de profesión, se presenta 3 días después queriendo proteger la dignidad de su hija, pero en realidad sólo busca sacar algo de dinero a Higgins, que lo soborna con 5 libras esterlinas. Higgins queda impresionado con la honestidad del basurero y su don natural para la retórica, y especialmente su falta de principios. Doolittle se justifica diciendo que no puede permitírselo. Higgins recomienda entonces a Alfred Doolittle a un estadounidense rico interesado en discursos de principios morales.

Eliza se somete a diversas formas de mejorar su dicción, como hablar con la boca llena de canicas. Al principio apenas progresa, pero cuando Higgins y Pickering están apunto de tirar la toalla, Eliza vuelve a intentarlo y lo logra; instantáneamente empieza a hablar con un acento británico estándar de clase alta.

Para probarla, Higgins la lleva al palco de su madre en el hipódromo de Ascot, donde causa buena impresión con sus modales refinados, pero asusta a todo el mundo con un pequeño lapsus impropio al animar a un caballo para ganar la carrera. Higgins, que desprecia la pretenciosidad de la aristocracia, disimula una sonrisa en ese momento.

Higgins finalmente la lleva al baile anual de la embajada, donde Eliza consigue pasar exitosamente como una misteriosa dama de la nobleza e incluso baila con el príncipe de Transilvania. En el baile se encuentra Zoltan Karpathy (Theodore Bikel), un húngaro experto en fonética enseñado por Higgins. Tras una breve conversación con Eliza, certifica que es de sangre azul. Esto hace la noche más amena a Higgins, que siempre ha visto a Karpathy como un aprovechado y un fraude.

Después de todo el esfuerzo que ella ha hecho, Eliza no recibe reconocimiento por parte de Higgins y Pickering, todas las alabanzas son para Higgins. Esto y el trato servicial que Higgins espera de ella, especialmente la indiferencia acerca de su futuro provocan que Eliza abandone la casa, dejando al profesor intrigado por su ingratitud.

Acompañada por Freddy Eynsford-Hill (Jeremy Brett), un joven que conoció en Ascot y que se ha enamorado de ella, Eliza regresa a su antiguo entorno en Covent Garden, pero descubre que con sus modales refinados, su acento y sus vestidos de marca no encaja allí. Encuentra a su padre, que había recibido una enorme fortuna del millonario estadounidense al cual Higgins le había recomendado, y está preparándose para casarse con la madrastra de Eliza (siente que Higgins lo ha arruinado, pues ahora debe regirse por unos principios morales). Eliza se marcha y acude a la casa de la Señora Higgins, la madre del profesor, que está muy enfadada por el comportamiento de su hijo.

Higgins encuentra allí a Eliza al día siguiente, e intenta hablar con ella y convencerla de que vuelva. En una ardua discusión, el ego de Higgins se siente dañado cuando Eliza anuncia que se va a casar con Freddy y convertirse en la asistente de Karpathy's, pues no sólo desprecia a Karpathy, sino también considera a Freddy patético e indigno de los nuevos estándares de Eliza. Eliza se siente satisfecha de hacer probar a Higgins su propia medicina y lo rechaza. Higgins admite que en vez de una carga a sus espaldas es una fuente de fortaleza, y que le gusta así, pero ella se marcha diciendo que nunca volverán a verse.

Tras una discusión con su madre, donde decide que no necesita a Eliza ni a nadie más para ser feliz, Higgins se marcha a casa insistiendo en que Eliza volverá arrastrándose a él. Sin embargo, se da cuenta que se ha acostumbrado a su rostro ("grown accustomed to her face"), y lo único que le queda de ella son grabaciones de sus lecciones de dicción que puede poner en su fonógrafo. Entonces, Eliza aparece de repente en la casa, dejando un final ambiguo.


miércoles, 6 de abril de 2011

George Peppard

GIFSoup
George Peppard Jr. nació el 1 de Octubre de 1928 en Detroit, Michigan, hijo del contratista de obras George Peppard y la cantante de ópera Vernelle Rohrer. Después de acabar el instituto hizo el servicio militar en la artillería naval .Peppard se alistó en el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos en Julio de 1946, alcanzando el rango de cabo Empezó sus estudios de ingeniería civil la Universidad de Purdue posiblemente con la intención de trabajar a posteriori en la empresa familiar,donde fue miembro de la compañía de teatro y de Beta Theta Pi pero alternó los estudios con trabajos como taxista, DJ, empleado de un banco y mecánico de motos. Luego se trasladó al Carnegie Institute of Technology, en Pittsburgh, Pennsylvania, donde recibió su licenciatura en 1955.

Se matriculó en Bellas Artes de la Universidad Carnegie Mellon el mismo año que falleció su padre, que dejó un proyecto de construcción inacabado que acabó George.

Después de sus estudios universitarios, Peppard decidió convertirse en actor y quiso prepararse para ello, no confiando solo en su apariencia física para tener éxito. Estudió en la prestigiosa escuela de interpretación Actor's Studio de Nueva York.


Terminada su formación comenzó a trabajar en películas de televisión y en el teatro. Su primera aparición en televisión fue en el año 1956 con The United States Steel Hour, acompañado de un joven llamado Paul Newman. Unos años más tarde interpretaría la obra The Pleasure of His Company lo que le daría un contrato con la MGM. Su primera película para el cine la hizo en [1957], en la que repetía un papel que ya había interpretado en Broadway.

Su popularidad fue en aumento en sus siguientes películas, sobre todo cuando intervino en Con él llegó el escándalo (1960) junto a Robert Mitchum y Eleanor Parker o en Desayuno con diamantes (1961) junto a Audrey Hepburn. Sus siguientes películas también tuvieron éxito, especialmente Los insaciables (1964), coprotagonizada por Alan Ladd.

Sin embargo, su carrera empezó a decaer debido al alcoholismo de Peppard y a su difícil personalidad. Comenzó a ser menos solicitado por los productores y los estudios, de forma que tuvo que intervenir en películas de menor interés. La serie de televisión Banacek (1972 - 1973) le reconvirtió por un tiempo en un actor admirado, pero su carrera cinematográfica continuó siendo decadente. En 1978 debutó en la dirección con Five Days From Home, película que tuvo una buena acogida. No obstante, Peppard no se mostró interesado en repetir la experiencia y se dedicó principalmente a las películas y series de televisión viendo que su carrera filmográfica estaba acabándose, decidió pasarse a la televisión.

Consiguió una vez más un considerable éxito con la serie El equipo A (1983-1987) junto a Mr. T, Dirk Benedict y Dwight Schultz, producción que le hizo muy popular en todos los países que la emitieron.

Debido a que era un gran fumador, Peppard fue diagnosticado con cáncer de pulmón en el 92, aunque eso no le impediría seguir actuando, habiendo completado el piloto para una nueva serie que se preparaba.


Fumador empedernido le dio por la bebida en 1978 paso sus ultimos años en rehabilitacion con otros alholicos para su recuperación, enfermó, en sus últimos años de vida, de un cáncer pulmonar que le obligó a retirarse del mundo del espectáculo y que le causó la muerte - exactamente, unas complicaciones surgidas en el tratamiento de dicha enfermedad - a los 65 años. El 8 de Mayo del 94, Peppard murió en Los Ángeles, California, aunque no de cancer sino de neumonía.


sábado, 2 de abril de 2011

Mel Ferrer


GIFSoup Mel Ferrer (de nombre real Melchior Gaston Ferrer) nació el 25 de agosto de 1917 en la localidad de Elberon, sita en el estado norteamericano de New Jersey. Era hijo de un cirujano cubano y de una dama de la alta sociedad neoyorquina. A pesar de que el público suele conocer simplemente su faceta como intérprete, Ferrer comenzó su carrera como bailarín, actor, director y productor de obras teatrales y programas de radio. Desde que inició sus estudios en la Universidad de Princeton, Mel representaba y dirigía producciones teatrales, que terminaron llevándolo a la meca de la escena mundial, Broadway, a finales de la década de los 30. Su carrera en el cine la inició como director, realizando la película "The girl of the Limberlost" (1945), un título menor que estaba protagonizado por Ruth Nelson, Loren Tindall y Dorinda Clifton. Posteriormente tuvo el honor de acompañar como asistente en la dirección al mismísimo John Ford, cuando éste rodaba "El fugitivo" (1947), con Henry Fonda como principal protagonista. En 1949 debutó como actor en la película de Alfred Werker "Lost Boundaries". Durante los años 50 su espigada figura pudo ser contemplada en títulos como "The Brave Bulls" (1951) de Robert Rossen, "Encubridora" (1952) de Fritz Lang, "Scaramouche" (1952) de George Sidney, encarnando al Rey Arturo en "Los caballeros del Rey Arturo" (1953) de Richard Thorpe, el musical realizado por Charles Walters "Lili" (1954) o "Guerra y Paz" (1956), la adaptación de Leon Tolstoi que dirigió King Vidor. También tuvo tiempo para ponerse detrás de la cámara, dirigiendo películas como "The Secret Fury" (1950), con Claudette Colbert y Robert Ryan o "Mansiones verdes" (1959), un film que co-protagonizaban Anthony Perkins y Audrey Hepburn, su esposa desde 1954. Audrey y Mel se divorciarían en 1968. A partir de los años 60 la producción cinematográfica de Mel Ferrer descendería, como así también lo haría la calidad de sus películas, muchas de ellas grabadas en suelo europeo. Entre lo más destacado rodado como actor en los años 60, 70 y 80 se encuentran la versión de "Las manos de Orlac" (1960), una co-producción franco-británica dirigida por Edmond T. Greville que estaba co-protagonizada por Christopher Lee, la superproducción bélica "El día más largo" (1962), el peplum "La caída del imperio romano" (1964) que realizó Anthony Mann, la simpática comedia de Richard Quine, "La pícara soltera" (1964), "El Greco" (1966), un irregular biopic de El Greco en el cual Ferrer encarnaba al pintor español de origen griego, "Brannigan" (1975), film británico de Douglas Hickox que estaba protagonizado por John Wayne o "Lily Marleen" (1981), título rodado por Rainer Werner Fassbinder, en el cual estaba acompañado por Hanna Schygulla y Giancarlo Giannini. A partir de la década de los 70 trabajó mucho en telefilmes e intervino en varias series de televisión, siendo su aparición más conocida la efectuada para "Falcon Crest", serie en la cual estuvo desde 1981 hasta 1984. Mel Ferrer murió el 2 de junio del año 2008. Tenía 90 años.

martes, 29 de marzo de 2011

Funny Face

GIFSoup Una cara con ángel, lo repetiremos cien y mil veces, porque hy ciertas películas que uno no sabe si votar atendiendo al corazón o a la cabeza. En este caso, si al final sólo hubiera atendido al análisis frío y calculador, mi nota hubiera sido un siete o un ocho. Pero mi conciencia me impedía no calificar con un diez este espectáculo tan maravilloso que puedo ver veces y más veces sin cansarme. Seguramente, desde un punto de vista técnico, esta película no sea una obra maestra, pero, cuando los sentimientos cobran vida, es difícil hacer valoraciones abstractas y puramente racionales. Muchos elementos hacen que esta cinta sea una de mis favoritas. En primer lugar, la conjunción de dos actores tan geniales como Audrey y Fred. Si ambos, por separado, son eternos, su unión representa una de las cimas del séptimo arte. Se tenía miedo de que la diferencia de edad entre ellos no hiciera creíble la historia de amor. Ese prejuicio sólo lo puede tener quien no conozca a Fred Astaire. Un hombre etéreo y ligero -como lo definió Vincente Minnelli-, que casi no es de este mundo, puede tener lo mismo veinte que cincuenta años, porque sus bailes lo elevan al cielo y lo alejan de lo terrenal y mundano. En segundo lugar, ese carácter eterno de ambos actores, unido al perfil de sus personajes (Astaire como un pragmático norteamericano, Audrey como una joven intelectual que desprecia al principio los sentimientos y el amor) evitan que la película caiga en un tono almibarado y de romanticismo pedante. En tercer lugar, nos encontramos con unas canciones inolvidables -"música de alas" ha escrito Cabrera Infante en “Cine o Sardina”- de George e Ira Gershwin , entre las que destacan "He loves, She loves", "Funny face", "Bonjour, París" o "´S wonderful", por ejemplo. Y, cómo no, hay que citar al gran director que fue Stanley Donen, un genio del musical que tiene en su haber películas como "Cantando bajo la lluvia", "Un día en Nueva York" o "Siete novias para siete hermanos", entre otras. Un genio que cumplió su sueño de dirigir a Fred Astaire, al que había visto siendo un niño en "Volando hacia Río de Janeiro", dirigiéndolo en "Bodas Reales" y en la película que nos ocupa. Para terminar, hay que decir que Fred y Audrey desearon enormemente trabajar juntos. Tambien ella, siendo niña, había soñado con bailar un día con Fred. Y éste sabía que Audrey era la mejor y no quería pasar la oportunidad de poder trabajar con ella. Dijo Terenci Moix en su magnífico libro “Mis inmortales del cine. Años 30”, en el capítulo dedicado a Fred Astaire, que esta película era y sigue siendo maravillosa. Lo será siempre porque, como hemos dicho, en sus imágenes y en su música sigue rezumando esa sensación de eternidad que tan pocas veces se alcanza.

Moderno cuento de la Cenicienta en el que una dependienta de una “siniestra” librería de Greenwich Village, cerrada a las emociones y entusiasta de un movimiento filosófico denominado enfaticalismo, ve como su vida puede cambiar de la noche al día.Se trata de una simpática comedia romántico-musical, con una visión desenfadada sobre el mundo de la moda de los años 50. Tiene una estética muy llamativa, llena de colorido, utilizado de manera ingeniosa. La fotografía de Richard Avedon es muy destacable, así como los elegantes diseños de Givenchy, amigo personal de Audrey Hepburn y fiel colaborador.Se hace un poco de sorna respecto a los movimientos existencialistas de la época, en tono de broma, de la misma manera que se ridiculiza la superficialidad de algunos aspectos del mundo de la moda (por ejemplo, la modelo Marion, incapaz de pensar, sólo sabe poner posturitas), al tiempo que se elogia (tiene también la capacidad de hacer realidad los sueños o unir a personas).Respecto a los números musicales, hay un poco de todo: buenos números (como mi preferido, el de la ciudad del amor, París, en donde se hace un breve repaso de los ilustres monumentos, como la inolvidable estampa de la Victoria de Samotracia con Audrey de rojo o el de Fred Astaire en plan torero), otros simpáticos (como Think Pink, realmente ingenios y técnicamente muy logrado, o Como ser un encanto) y algunos más discretos.Sí es cierto que la diferencia de edad se nota, 27 radiantes años de Audrey por 57 de Fred, pero aún así la cinta funciona, gracias a la calidad de ambos, sobre todo, en los números musicales.La solvencia de Fred Astaire en este terreno es incuestionable: lleva el baile en las venas. Audrey Hepburn, elástica y etérea, bien dotada para el baile, no en vano fue bailarina en sus inicios, está a su altura, ejecutando magníficamente sus números.En definitiva, una película agradable, optimista, de gran belleza plástica en algunos momentos con tres grandes bailarines y grandes momentos musicales. Y luego está Audrey Hepburn, deslumbrante, en uno de sus mejores momentos (tiene tantos mejores momentos…)

domingo, 27 de marzo de 2011

Look casual

Audrey marcó tendencia más por su estilo que por la ropa que usaba. Es conocida por ser la primera actriz que impuso la tendencia del look casual en vez del glamour (fue la pionera de las "muchachas no divas" que son toda una pauta de nuestra época). Sin embargo su frescura y forma de vestir, que impuso estilos y modas, la transformaron para la Historia del Cine como otro de los Mitos del Séptimo Arte. Por su interpretación de Holly Golightly en Breakfast at Tiffany's (1961) se convirtió en un icono del cine americano. Ella definió su papel como “el más jazz de mi carrera”. Cuando se le hizo la pregunta sobre su nuevo papel dijo: “Soy introvertida, actuar para ser una chica extrovertida es la cosa más difícil que he hecho en mi vida”. El elegante vestuario que usó en la película estaba diseñado por Givenchy. Además se puso mechas rubias en el pelo, look que también conservó fuera de la pantalla. Este papel, sin lugar a dudas el más popular de su carrera, estaba originariamente pensado para Marilyn Monroe (Truman Capote, el autor de la novela en que se basa la película, además de guionista, era un gran amigo de la polémica actriz). Cuando Marylin rechazó el papel debido a que quería dejar de interpretar a “chicas ingenuas” y este le llegó a Audrey, el personaje de Holly sufrió varios cambios, entre ellos el personaje dejaba de ser bisexual para ser heterosexual, además su trabajo de prostituta de lujo queda mucho más difuso y en ningún momento se hace la más mínima referencia a este hecho. Su magnífica interpretación recibiría otra nominación a los Óscar, premio que fue a parar a Sophia Loren.

En el 2007 se subastó un traje que lució la actriz en la película Breakfast at Tiffany's por un precio de 467.200 libras (unos 700.500 euros) destinando el dinero a un proyecto, impulsado por el escritor Dominique Lapierre, para dos escuelas en Bengala. Muchos quieren ver a Audrey Hepburn como un icono de moda, pero ella misma siempre huía de etiquetas y de falsos premios, por lo que siempre se mantuvo fiel a Givenchy, el modisto que la conocía mejor que nadie y el cual creó, para ella, su perfume L'Interdit. Su imagen radica en la elegancia natural y en la no ostentación de joyas ni vestuario, lo que le valíó una gran admiración por todo el mundo.

jueves, 17 de marzo de 2011

Una cara con ángel












Funny face




Hay ciertas películas que uno no sabe si votar atendiendo al corazón o a la cabeza. En este caso, si al final sólo hubiera atendido al análisis frío y calculador, mi nota hubiera sido un siete o un ocho. Pero mi conciencia me impedía no calificar con un diez este espectáculo tan maravilloso que puedo ver veces y más veces sin cansarme.Seguramente, desde un punto de vista técnico, esta película no sea una obra maestra, pero, cuando los sentimientos cobran vida, es difícil hacer valoraciones abstractas y puramente racionales.Muchos elementos hacen que esta cinta sea una de mis favoritas. En primer lugar, la conjunción de dos actores tan geniales como Audrey y Fred. Si ambos, por separado, son eternos, su unión representa una de las cimas del séptimo arte. Se tenía miedo de que la diferencia de edad entre ellos no hiciera creíble la historia de amor. Ese prejuicio sólo lo puede tener quien no conozca a Fred Astaire. Un hombre etéreo y ligero -como lo definió Vincente Minnelli-, que casi no es de este mundo, puede tener lo mismo veinte que cincuenta años, porque sus bailes lo elevan al cielo y lo alejan de lo terrenal y mundano.En segundo lugar, ese carácter eterno de ambos actores, unido al perfil de sus personajes (Astaire como un pragmático norteamericano, Audrey como una joven intelectual que desprecia al principio los sentimientos y el amor) evitan que la película caiga en un tono almibarado y de romanticismo pedante.En tercer lugar, nos encontramos con unas canciones inolvidables -"música de alas" ha escrito Cabrera Infante en “Cine o Sardina”- de George e Ira Gershwin , entre las que destacan "He loves, She loves", "Funny face", "Bonjour, París" o "´S wonderful", por ejemplo.Y, cómo no, hay que citar al gran director que fue Stanley Donen, un genio del musical que tiene en su haber películas como "Cantando bajo la lluvia", "Un día en Nueva York" o "Siete novias para siete hermanos", entre otras. Un genio que cumplió su sueño de dirigir a Fred Astaire, al que había visto siendo un niño en "Volando hacia Río de Janeiro", dirigiéndolo en "Bodas Reales" y en la película que nos ocupa.Para terminar, hay que decir que Fred y Audrey desearon enormemente trabajar juntos. Tambien ella, siendo niña, había soñado con bailar un día con Fred. Y éste sabía que Audrey era la mejor y no quería pasar la oportunidad de poder trabajar con ella.Dijo Terenci Moix en su magnífico libro “Mis inmortales del cine. Años 30”, en el capítulo dedicado a Fred Astaire, que esta película era y sigue siendo maravillosa. Lo será siempre porque, como hemos dicho, en sus imágenes y en su música sigue rezumando esa sensación de eternidad que tan pocas veces se alcanza.
La cinta tiene momentos antológicos, entre los que sobresale, para mi, la actuación de Astaire y Thompson en casa del Profesor. Entre los dos, mas de un siglo de edad, pero con un sentido del ritmo y una agilidad increibles. Como siempre que se podia no podia faltar Audrey luciendo modelitos de Givenchy y la banda sonora es memorable. Por ahora, la mejor pelicula de Audrey que he visto, y como las demás, absolutamente recomendable.

martes, 15 de marzo de 2011

Ariane (Love in the afternoon)





Posiblemente “Ariane” (“Love in the Afternoon”) no sea una de las más recordadas películas de Billy Wilder, pero es igualmente encantadora, contiene la esencia pura del romanticismo clásico, el irrepetible resplandor de Audrey Hepburn y el galante ocaso de Gary Cooper. Y eso, la hace única y fabulosa.

Planteada por Wilder como la comedia romántica que uniría a Cary Grant y Audrey Hepburn, “Ariane” acabó siendo una de las últimas obras en las que Cooper seduciría en la gran pantalla. Los problemas de agenda impidieron, una y otra vez, a Cary Grant trabajar con Billy Wilder, privándonos de una unión artística que evidentemente, hubiese dado sus excelentes resultados.
Con o sin Grant y viendo hoy por hoy “Ariane”, la presencia de Gary Cooper no deja de ser imponente, elegante, distinguida y convincente, en definitiva, la de un galán clásico. No dudamos que Hepburn, a pesar de la diferencia de edad que le separaba de Gary Cooper, pudiese enamorarse de él en la gran pantalla.

Sin embargo, “Ariane” fue criticada en su día por este hecho, y ni siquiera el actor de “Solo ante el peligro” estaba demasiado convencido de, a sus 56 años, poder ponerse en la piel de un gigoló internacional. La crítica fue dura, a pesar de que Wilder rodó los primeros planos del veterano actor con un ligero difuminado para suavizar sus arrugas.

“Ariane” seguía la estela comenzada con “Sabrina” que tan bien funcionó a la pareja Wilder-Hepburn. El primero, al igual que Wyler, Donen o muchos otros, supo sacar el máximo partido a la etérea y dulce presencia de la actriz belga, que en esta ocasión volvía a enamorar con su papel de tímida pero decidida joven que se enamoraba del hombre “aparentemente” equivocado. Del mismo modo, Hepburn supo sacar un buen partido de los brillantes diálogos de Wilder y Diamond (en la primera colaboración entre ambos guionistas, que tantas obras maestras crearon), de su distinguida puesta en escena y sus perfectas historias románticas del austriaco, para crecer como la actriz que fue y como la mítica estrella en que se convirtió.

Con el título original de “Love in the afternoon” que hacía alusión al momento del día reservado para el encuentro entre sus protagonistas (en una habitación de hotel en donde la imaginación del espectador hacía el resto...), “Ariane” nos situaba en su comienzo y con pericia y mucho humor, en la ciudad del amor, en París, para presentarnos al investigador privado, Claude Chavasse (Maurice Chevalier), que hacía de las infidelidades ajenas su trabajo. Uno de esos casos le lleva a espiar a Frank Flannagan (Gary Cooper), un empresario trotamundos que era, a su vez, un mujeriego de prestigio internacional. La hija de Chavasse, Ariane (Hepburn), coincidirá con Flannagan y se enamorará perdidamente de él.

Rodada en blanco y negro, en 1957, entre “El héroe solitario” y “Testigo de Cargo”, “Ariane” es una de las grandes historias románticas de Billy Wilder. En ella encontramos esa mezcla idónea de romanticismo y humor, digna del mejor heredero de Lubitsch. La presencia de Maurice Chevalier, otorga, con clase, el toque francés a la cinta, hay situaciones que se repiten con un motivo cómico, algo muy común en el cine de Wilder, como la del perro que ladra en malentendidos o los músicos gitanos que acompañan a Flannagan en todo momento, y detalles de guión que solo la pareja I.A.L Diamond y Wilder sabían crear. Es delicioso oír a Hepburn pronunciar “Papá” a Maurice Chevalier, ver de nuevo, la decoración de interiores de Alexander Trauner y deleitarnos con un final “de película” tan propio del cine clásico.

Una preciosa obra, a reivindicar dentro de la completísima carrera de Billy Wilder, que fue injustamente tratada en su momento, únicamente por presentarnos a un mujeriego con la edad de Gary Cooper, en una época en la que un libertino seductor no debía tener cerca de 60 años. “Ariane”, Hepburn, Cooper, Wilder, Diamond, Trauner, etc, son nombres y apellidos con los que se puede escribir la historia del cine. Recuperenla si no lo han hecho todavía.

viernes, 11 de marzo de 2011

...con diamantes


Breakfast at Tiffany's (Desayuno con diamantes en España) es una famosa película estadounidense del género comedia, rodada en 1961 y dirigida por Blake Edwards. Protagonizada por Audrey Hepburn y George Peppard, contó con un reparto de actores secundarios que incluía a Patricia Neal, Martin Balsam, Mickey Rooney y José Luis de Vilallonga. La película es una adaptación bastante libre de la novela del mismo título de Truman Capote.
La banda sonora fue compuesta por Henry Mancini, y en ella que se encuentra la famosa canción Moon River, con letra de Johnny Mercer.

En 1961 la película ganó dos premios Óscar en las categorías Mejor banda sonora y Mejor canción.
En ella, Holly (Audrey Hepburn) es una joven de la clase media neoyorkina que va de fiesta en fiesta con el fin de encontrar a un hombre rico que mantenga su ritmo de vida económicamente, siendo su mayor interés la tienda de joyas Tiffany's de la Quinta Avenida. Su vida cambiará cuando conozca a Paul (George Peppard), un escritor mantenido por su amante rica y algo mayor que él (Patricia Neal) que se mudará a un apartamento en el mismo bloque que ella.

Desayuno...


... con Audrey mañana... ¿Te imaginas desayunarse disfrutando de su cara? ¿Existen mujeres así o pertenecen a una época que no pude ni conocer?
Pero es imposible, es un sueño, murió en 1993 dejándonos para siempre su eterna sonrisa brillando en nuestros corazones.

sábado, 5 de marzo de 2011




Sabrina es una película dirigida por Billy Wilder en el año 1954. Es la adaptación de la obra de teatro Sabrina Fair, escrita por Samuel Taylor, y protagonizada por Audrey Hepburn, Humphrey Bogart y William Holden. Estuvo nominada a seis Oscar, entre los que estaban al mejor director, a la mejor actriz principal (Hepburn) y al mejor guión adaptado, pero finalmente solo ganaría el de mejor vestuario.


Argumento

Sabrina (Audrey Hepburn) es la hija del chófer. Desde lo alto del garaje, Sabrina ve cómo los Larrabee viven una vida de fiestas y lujo. Es una jovencita enamorada del hijo pequeño, David (William Holden). Por despecho intenta suicidarse, pero la llegada del hijo mayor, Linus, lo impide. Deciden enviar a Sabrina a París a una escuela de cocina, para que olvide y se forme. Y al cabo de un tiempo vuelve y lo hace convertida en una joven elegante y guapa que no sólo consigue llamar la atención de David...


Durante la película las relaciones entre Bogart y el resto del reparto fueron bastante tensas. Bogart aceptó ese papel porque su agente le convenció de que debía participar en una comedia, para mitigar la imagen de duro que tenía.[cita requerida] En cambio, la relación entre Hepburn y Holden fue excelente durante todo el rodaje.[cita requerida] La película tuvo una remake en 1995, dirigida por Sydney Pollack, con Julia Ormond como Sabrina, Greg Kinnear como David y Harrison Ford como Linus.


El maestro Wilder demuestra en ella su absoluto dominio de los resortes de la comedia clásica. Esta maravilla.... destila elegancia en cada secuencia y es, sin duda, una incontestable y deliciosa obra maestra, amén de una de las más encantadoras y elegantes comedias romántica de la historia del cine.

viernes, 4 de marzo de 2011

Guerra y Paz


Guerra y paz es una película basada en la novela homónima (Voina i mir) de León Tolstói. Obtuvo tres candidaturas a los Óscar y un Globo de Oro.

A principios del siglo XIX la gran nobleza rusa que deja transcurrir su vida a lo largo de interminables actos sociales que tienen como escenario los lujosos salones de las mansiones y palacios de San Petersburgo contempla con una mezcla de admiración y malsana curiosidad la fulgurante carrera de Napoleón. Para ellos, que han adoptado el francés como el idioma de la alta sociedad y que coquetean, siempre bajo la mirada del zar todopoderoso y protector, con las ideas liberales surgidas al calor de la ilustración, Napoleón es un símbolo del progreso, un eco de esa transgresión que ellos mismos querrían protagonizar. Sin embargo, las frágiles alianzas que definen la política exterior de la época llevan a Rusia a situarse junto a los enemigos de Francia. Empieza así una larga guerra que pondrá a prueba el valor, los sentimientos y la lealtad de esos nobles de vida ociosa.
La gran novela de León Tolstói, o al menos su espectacularidad, sirve de base y de principal atractivo a una superproducción rodada, como otras tantas de las grandes películas de los cincuenta, en los fabulosos decorados de Cinecittà. Aparatosa y deslumbrante por momentos, la versión americana de Guerra y paz resulta, sin embargo, plana y desapasionada, simplista y superficial en su acercamiento al original literario, hasta el punto que no llega a rozar la espiritualidad y las tremendas dudas que asolan a sus protagonistas. En suma, se trata de una adaptación grandilocuente y hueca y sobre todo muy por debajo de la magnífica adaptación que diez años después llevase a cabo el cine soviético de la mano de Sergei Bondarchuk, quien, sin renunciar a las grandes batallas de Borodino, Austerlitz y Moscú, sí supo captar y transmitir el carácter atormentado y romántico de sus personajes.
Ficha técnica

Dirección King Vidor
King Vidor
Fotografía
Jack Cardiff

Roma ciudad etgerna... más que nunca




Gregory Peck decía que, cada vez que le enviaban el guión de una comedia, tenía la impresión de que Cary Grant lo había rechazado previamente. Y fue eso precisamente lo que sucedió con Vacaciones en Roma. Grant consideraba que la protagonista absoluta del film sería la actriz que interpretara a la princesa Ann –actriz que estaba por determinar– y su partenaire masculino sería una mera comparsa.

A pesar de que estaba en lo cierto, Peck aceptó el papel. Lo que no podía predecir este actor era que la princesa sería la debutante, al menos en Hollywood, Audrey Hepburn. Sin embargo, un actor con el talento y la generosidad de Peck, no tuvo más que reconocer que el estrellato de Audrey Hepburn era imparable, y que era absurdo destacar su nombre sobre el de la actriz en el cartel que promocionaba la película.
De hecho, pidió que se les pusiera al mismo nivel y anunció que ese año ella ganaría el Oscar a la mejor actriz. Y no se equivocó. Audrey Hepburn no era la primera opción de William Wyler.
En realidad, el director había pensado en Elizabeth Taylor o Jean Simmons, pero ambas actrices estaban inmersas en otros proyectos.
La experiencia de Hepburn en Estados Unidos se limitaba a la interpretación de Gigi en Broadway, por lo que la actriz tuvo que pasar la prueba de rigor en la que se adivinaba que había nacido una estrella.

Audrey Hepburn era diferente: una elegancia innata, un físico algo andrógino y, a la vez, sumamente femenino, y una sencillez que percibíamos verdadera y cercana, alejada del estereotipo hollywoodiense. Sin duda, ella es la protagonista de Vacaciones en Roma, pero a partir de esta primera película su sola presencia iluminaría la pantalla de todos los largometrajes en que apareciera.
Por supuesto, la compañía de un actor sobrio como Gregory Peck ayuda sobremanera en beneficio de la película. William Wyler demostró que era capaz (tal vez, «eficiente» es el adjetivo que mejor define la labor cinematográfica de este realizador) de dirigir una comedia romántica, con las dosis justas de humor y romanticismo. El resto de personajes están perfectamente encarnados, sobre todo, Eddie Albert como fotógrafo vividor. Sin embargo, es la ciudad de Roma la que alcanza un protagonismo digno del tándem Peck/Hepburn.
Ciertamente, Roma nunca ha sido tan ciudad eterna como en esta película.

miércoles, 2 de marzo de 2011

La boca de la verdad




Y como, quien miente, pierde la mano al introducirla en la boca.
Vacaciones en Roma (Roman Holiday) es una película dirigida por Willyam Wyler. El film ganó tres Oscar, a la mejor actriz principal (Audrey Hepburn), a la mejor narración para el cine, y al mejor vestuario, y obtuvo otras siete candidaturas, a la mejor película, al mejor director, al mejor actor de reparto (Eddie Albert), al mejor guión original, a la mejor dirección artística, a la mejor fotografía, y al mejor montaje. Este film catapultó a Audrey Hepburn a la fama, la química establecida entre Peck, Albert y la protagonista es tan evidente que se plasma en este film el encanto de las relaciones humanas simples, felices y sencillas que genera la personalidad fresca, rebosante y espontánea de la protagonista.

La princesa Anna (Audrey Hepburn) en visita oficial, cansada de sus obligaciones y de la soledad de su mundo real, decide escaparse durante la noche y vivir la vida de un ser común y corriente, sin formulismos ni pantallas sociales. Se queda dormida en la calle y es recogida por un americano quien la lleva a su apartamento y la acuesta en su propia cama. El americano resulta ser un periodista llamado Joe Bradley (Gregory Peck), quien se ofrece a hacer de guía para ella en Roma. En un principio, el principal interés de Bradley al reconocerla como la princesa que es, es conseguir una exclusiva de 5000 dólares sobre sus vivencias en su momento sabático, pero sin que ella se dé cuenta y para ello hace que su amigo y fotógrafo le saque fotos a escondidas para después publicarlas y hacerse famoso. Ella está encantada por conocer la ciudad como una persona más. Durante el día que pasan juntos, se divierten, pasan bochornos en la vía pública, van a una fiesta nocturna, surge algo entre ellos hasta que descubren que se han enamorado. Cuando la ausencia de la princesa ya no se puede prolongar surge el conflicto entre el deber y los sentimientos y la princesa debe tomar una dura decisión. Ella se despide de Bradley diciendo que jamás olvidará esos momentos y se besan apasionadamente como despedida final. Bradley decide no publicar las fotos como una forma de respetar la privacidad y los sentimientos albergados mutuamente y en una recepción oficial de la princesa Anna a la prensa, Bradley y su amigo concurren y le pasan las fotos a la princesa quien agradece la confidencialidad y ella devuelve la mirada de amor a Bradley y una hermosa sonrisa, para despedirse en silencio.
La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?, diría Rubén Darío.
Deliciosa película dirigida por William Wyler, quintaesencia del cine romántico. La historia viene a ser una Cenicienta al revés. La princesa Ana se halla de viaje por diversos países europeos. Su último destino es Roma, donde debe atender sus deberes principescos. Lo que supone atarse a un rígido protocolo. Pero una noche, alojada en su palacio, oye la música, ve a la gente sencilla divertirse, y toma una audaz decisión: salir a la calle, convertirse en una persona normal. Su encuentro con Joe Bradley, periodista, le permite pasar un día de ensueño: tomar "gelatti", pasear por la ciudad eterna en Vespa, acudir a una verbena. Lo que la princesa no sospecha es que Joe, en complicidad con el fotógrafo Irving, está preparando un reportaje sobre tan particular jornada de la princesa.

Desde Una chica angelical, Wyler no había abordado otra comedia romántica. El guión lo firman Ian McLellan Hunter y John Dighton, pero en la historia intervino también Dalton Trumbo, entonces en la lista negra de la tristemente célebre "caza de brujas" (su crédito por el film sólo lo recibió años más tarde). El film es una delicia, con escenas memorables. La más significativa es la de la visita a "la boca de la verdad": Joe explica a Ana, que si uno mete la mano dentro y dice una mentira, la boca se la traga. Gregory Peck en esta escena hizo algo que Audrey Hepburn no sabía que iba a hacer: al retirar la mano de la boca, se la recogió en la manga, con lo que parecía que, ciertamente, el maleficio se había cumplido. El rostro de sorpresa de Hepburn es auténtico, y el momento, verdaderamente mágico, quedó recogido para siempre en el celuloide.

Aunque Hepburn había actuado en algún film como Oro en barras. Gregory Peck le dio perfecta réplica, en un papel que habían rechazado otros actores como Cary Grant, sabedores de que la protagonista era la reina de la función. A Peck no le importó el riesgo de ser eclipsado. El tercero en discordia es un actor a quien se vio siempre en papeles secundarios, Eddie Albert, que compone al entrañable fotógrafo.

martes, 1 de marzo de 2011

Cómo robar un millón...











...es una película atípica. Es cierto que su temática es muy propia del cine que se estaba haciendo a mediados de los 60, pero tiene algo de joya perdida: las filmografías de Wyler la pasan por encima, no es una de las películas más conocidas de Audrey Hepburn y, en el caso de O'Toole, es casi como si no la hubiese hecho. El reparto de secundarios es tan brillante que no se sabe por quién empezar (el hilarante Moustache, Jacques Marin, Charles Boyer...), pero rara vez aparece mencionado en las fichas del filme.




El argumento es ingenioso: Nicole Bonnet (Audrey Hepburn) es la hija de un acaudalado falsificador de arte (Hugh Griffith) que vive cómodamente en París. Sus falsos cuadros se venden por cantidades astronómicas en todas las subastas especializadas. Cuando un museo de la ciudad le pide que ceda la Venus de Cellini (de la que es propietario) para una exposición, accede. Después de todo, también es una obra falsa, una escultura tallada por su abuelo. El problema se presenta cuando el museo asegura la obra y anuncia que, como mero trámite, la hará examinar por un buen perito. Si es así, la tapadera del señor Bonnet desaparecerá y su reputación como coleccionista de arte también. Alguien debe robar la Venus antes de que sea estudiada. Nicole convence a Simon Dermott (Peter O'Toole), a quien cree un experto ladrón. En realidad, Simon es un experto en arte que trataba de desenmascarar a Bonnet, pero accede a regañadientes porque está enamorado de Nicole. Planea el robo con una astucia digna de mejor causa y la pareja se lleva la Venus falsa, no sin provocar el desconcierto más absoluto entre los guardias del museo. La escultura termina en manos de un codicioso millonario norteamericano, interpretado por Eli Wallach, y la carrera del señor Bonnet acaba... o eso parece.


Agradable, pero sin sustancia. La trama es divertidísima, la pareja protagonista se compenetra a la perfección (Peter O'Toole borda su papel con numerosos guiños a Cary Grant), el suspense, la comedia y el romanticismo están equilibrados con gusto, la comicidad está presente desde el principio hasta el final y el conjunto es tan elegante como entretenido. La impronta del director está muy clara: Cómo robar un millón es una comedia, pero una comedia a lo Wyler, pausada. El ya veterano regidor estaba terminando su carrera pero aún tenía necesidad de experimentar, de probar cosas.




Cuando William Wyler aceptó dirigir Cómo robar un millón en 1965, ya no tenía necesidad de demostrar nada. Llevaba en el oficio treinta años, había ganado tres Oscar y había llevado a buen puerto películas de la talla de Vacaciones en Roma (1953, con Audrey Hepburn) o Ben Hur (1959), por mencionar sólo dos. Era considerado un cineasta de prestigio, un pionero de los estudios de Hollywood, un maestro. Para Wyler, aceptar Cómo robar un millón no suponía ningún problema... pese a que no estaba especializado en rodar comedias. ¿Quizá fue un reto para él?




La película se emparenta de lejos con otras dos que ya hemos comentado aquí. Tiene puntos en común con Charade y Arabesque, aunque éstas tienen mucho menos de comedia y más de suspense. Cómo robar un millón sí es una comedia, y es ese estilo ligero el que hace que sea encantadora. Además, cuenta con unos cuantos puntos fuertes que la convierten en una belleza visual: exteriores reales en París, Audrey Hepburn con vestuario de Givenchy y lujo, una clase lujo que ya habíamos visto en muchas otras películas de William Wyler y que aquí está muy bien representado por el aspecto más chic de la capital francesa (hoteles caros como el Ritz, maravillosas villas, el último modelo de coche deportivo, la alta sociedad y todo lo que va asociado al glamour más fino).