martes, 15 de marzo de 2011

Ariane (Love in the afternoon)





Posiblemente “Ariane” (“Love in the Afternoon”) no sea una de las más recordadas películas de Billy Wilder, pero es igualmente encantadora, contiene la esencia pura del romanticismo clásico, el irrepetible resplandor de Audrey Hepburn y el galante ocaso de Gary Cooper. Y eso, la hace única y fabulosa.

Planteada por Wilder como la comedia romántica que uniría a Cary Grant y Audrey Hepburn, “Ariane” acabó siendo una de las últimas obras en las que Cooper seduciría en la gran pantalla. Los problemas de agenda impidieron, una y otra vez, a Cary Grant trabajar con Billy Wilder, privándonos de una unión artística que evidentemente, hubiese dado sus excelentes resultados.
Con o sin Grant y viendo hoy por hoy “Ariane”, la presencia de Gary Cooper no deja de ser imponente, elegante, distinguida y convincente, en definitiva, la de un galán clásico. No dudamos que Hepburn, a pesar de la diferencia de edad que le separaba de Gary Cooper, pudiese enamorarse de él en la gran pantalla.

Sin embargo, “Ariane” fue criticada en su día por este hecho, y ni siquiera el actor de “Solo ante el peligro” estaba demasiado convencido de, a sus 56 años, poder ponerse en la piel de un gigoló internacional. La crítica fue dura, a pesar de que Wilder rodó los primeros planos del veterano actor con un ligero difuminado para suavizar sus arrugas.

“Ariane” seguía la estela comenzada con “Sabrina” que tan bien funcionó a la pareja Wilder-Hepburn. El primero, al igual que Wyler, Donen o muchos otros, supo sacar el máximo partido a la etérea y dulce presencia de la actriz belga, que en esta ocasión volvía a enamorar con su papel de tímida pero decidida joven que se enamoraba del hombre “aparentemente” equivocado. Del mismo modo, Hepburn supo sacar un buen partido de los brillantes diálogos de Wilder y Diamond (en la primera colaboración entre ambos guionistas, que tantas obras maestras crearon), de su distinguida puesta en escena y sus perfectas historias románticas del austriaco, para crecer como la actriz que fue y como la mítica estrella en que se convirtió.

Con el título original de “Love in the afternoon” que hacía alusión al momento del día reservado para el encuentro entre sus protagonistas (en una habitación de hotel en donde la imaginación del espectador hacía el resto...), “Ariane” nos situaba en su comienzo y con pericia y mucho humor, en la ciudad del amor, en París, para presentarnos al investigador privado, Claude Chavasse (Maurice Chevalier), que hacía de las infidelidades ajenas su trabajo. Uno de esos casos le lleva a espiar a Frank Flannagan (Gary Cooper), un empresario trotamundos que era, a su vez, un mujeriego de prestigio internacional. La hija de Chavasse, Ariane (Hepburn), coincidirá con Flannagan y se enamorará perdidamente de él.

Rodada en blanco y negro, en 1957, entre “El héroe solitario” y “Testigo de Cargo”, “Ariane” es una de las grandes historias románticas de Billy Wilder. En ella encontramos esa mezcla idónea de romanticismo y humor, digna del mejor heredero de Lubitsch. La presencia de Maurice Chevalier, otorga, con clase, el toque francés a la cinta, hay situaciones que se repiten con un motivo cómico, algo muy común en el cine de Wilder, como la del perro que ladra en malentendidos o los músicos gitanos que acompañan a Flannagan en todo momento, y detalles de guión que solo la pareja I.A.L Diamond y Wilder sabían crear. Es delicioso oír a Hepburn pronunciar “Papá” a Maurice Chevalier, ver de nuevo, la decoración de interiores de Alexander Trauner y deleitarnos con un final “de película” tan propio del cine clásico.

Una preciosa obra, a reivindicar dentro de la completísima carrera de Billy Wilder, que fue injustamente tratada en su momento, únicamente por presentarnos a un mujeriego con la edad de Gary Cooper, en una época en la que un libertino seductor no debía tener cerca de 60 años. “Ariane”, Hepburn, Cooper, Wilder, Diamond, Trauner, etc, son nombres y apellidos con los que se puede escribir la historia del cine. Recuperenla si no lo han hecho todavía.

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