sábado, 24 de marzo de 2012

Un mito no tan mítico

El pasado año 2011 fué el 50 aniversario de "Desayuno con diamantes". Una efeméride que hizo correr ríos de tinta y generó todo tipo de celebraciones, incluidas multitudinarias quedadas frente a la joyería Tiffany's de la Quinta Avenida neoyorquina para desayunar admirando su escaparate, como hacía esa pizpireta Holly Golightly a la que daba vida con su habitual magnetismo Audrey Hepburn.
Para empezar, debo decir que nunca ha entendido el aura mítica que rodea esta película. Me parece una agradable comedia romántica, bien interpretada y correctamente dirigida. Nada menos, pero tampoco nada más. Ni Blake Edwards inventó con ella la pólvora ni siquiera es la mejor película de su filmografía: cualquier comparación con "Días de vino y rosas", "El guateque" o, incluso, "La pantera rosa" es más que desazonadora para "Desayuno con diamantes".
Es verdad que Hepburn rezuma encanto, aunque su personaje queda muy diluido respecto al que dibujó en el relato original Truman Capote, una prostituta con muy pocos escrúpulos y muchas ambiciones que en la pantalla se reconvierte en una ingenua soñadora algo casquivana. Es verdad que Mickey Rooney está genial como el cascarrabias vecino japonés de los protagonistas. Es verdad que George Peppard tenía muy buena planta. Es verdad que la banda sonora de Henry Mancini es maravillosa e inmortal. Y es verdad que el retrato de Nueva York es bastante fidedigno. Pero también es verdad que al conjunto le falta ese nosequé especial, ese queseyó mágico, ese intangible que diferencia una buena película (que hay muchas) de una obra maestra (que hay muchas menos).
Y, ya que he hablado de Truman Capote, me gustaría aprovechar para recordar la que es, para mí, la mejor adaptación al cine de uno de sus textos: “A sangre fría”, realizada en 1967 por ese gran director, nunca suficientemente valorado, que era Richard Brooks. Una película tremenda, en cualquier sentido, cuyo visionado debería ser obligatorio para todos los que apoyan la pena de muerte, sea en el país que sea.

En un blanco y negro casi expresionista, Brooks , sin empatizar con los dos asesinos condenados a muerte ni justificarles (la cruda y minuciosa reconstrucción de sus “hazañas” consigue que el espectador les aborrezca, merecidamente), se posiciona en contra de esa venganza legal que es la pena de muerte, presentando el proceso y la ejecución como unos actos tan salvajes y brutales como los propios asesinatos. De hecho, peores, pues se llevan a cabo con la máxima frialdad y bajo el amparo del presunto bienestar de la sociedad.
Quizá “A sangre fría” no transmite tanta alegría de vivir como “Desayuno con diamantes” ni es “tan bonita”, pero sí contiene ese algo que la convierte en una obra maestra...

domingo, 2 de octubre de 2011

Lo que le haría a Audrey


En otra de las secciones de este blog (http://loshermanoslumiere.blogspot.com/2011/10/lo-que-les-haria-las-estrellas.html), ya hemos visto lo que Hitchcock le hubiese hecho a La Garbo:


"Para la Garbo no me molestaría en elaborar mi trama enrevesada de costumbre. Elegiría una historia muy sencilla sobre la vida y el amor y tendría que dirigir lo menos posible, utilizando la cámara meramente como vehículo para la caracterización de la actriz. Cuanto más grande es el artista menos ingenio directorial es necesario".




Estas declaraciones están sacadas del libro Hitchcock por Hitchcock, de Sidney Gottlieb, una especie de biografía depurada.

En ella sólo queda lo espontáneo: lo que Hitchcock dijo o escribió en diferentes momentos de su vida.

Lo de La Garbo, aparece en el capítulo titulado "Lo que les haría a las estrellas", que es una entrevista de 1939, es decir, en el momento justo en el que Hitchcock cerraba su etapa británica y empezaba su carrera en Hollywood. Tenía un futuro ominoso ante sí y todo lo que podía hacer era frotarse las manos como un niño ante una mesa llena de pasteles, sólo que los pasteles en este caso eran los actores y actrices con los que quería trabajar:

Así decía:

"Estoy impaciente por ponerle las manos encima a las estrellas americanas. Algunas de ellas son tan eficaces que será un placer dirigirlas, y hay otras a las que me gustaría mucho desenmascarar. Me gustaría mucho mostrar a la Dietrich chupando una manzana confitada".

¡Toma ya! La Dietrich chupando una manzana... Once años después la dirigiría en Pánico en la escena, pero no me consta que chupara ninguna pieza de fruta.

"Me gustaría tener a Clark Gable en una caracterización mucho más profunda que las que ha interpretado hasta ahora".

¿Gable poco profundo? No sé si Hitchcock había visto Lo que el viento se llevó (1939) cuando dijo esto. De todas formas, nunca llegaron a trabajar juntos.

"Por supuesto, me gustaría dirigir a Gary Cooper. Él también es una actor que se adapta bien a la clase de películas que me gusta hacer. Hay quien dice que Cooper no sabe actuar en absoluto y que debe su atractivo a una larga sucesión de buenos directores. Eso es totalmente absurdo".

Otro propósito frustrado: Hitchcock y Cooper nunca hicieron una película juntos.

"Es cierto que en algunas de mis películas británicas me he concentrado sobre todo en el desarrollo de los personajes masculinos, pero esto se debe a que siempre he encontrado extremadamente difícil conseguir que las actrices británicas reaccionen con naturalidad ante una situación humana. Si arrojas a una actriz británica a un baño de agua fría, ella seguirá emergiendo a la superficie intentando conservar un aire digno y distante. No creo que las actrices americanas sean tan inhibidas. Ninguna chica inglesa podría alcanzar el grado de eficacia conseguido por Carole Lombard. Creo que, tratada con imaginación, la Lombard es capaz de ofrecer una actuación igual a la de los mejores actores masculinos, como Muni o Leslie Howard".

Al menos con Carole Lombard tuvo más suerte, pero ¡por poco! Llegó a dirigirla en Matrimonio original un año antes de que la actriz y esposa de Clark Gable falleciera en un accidente de avión.

Con respecto a la divina Garbo, lo siento por Hitch, porque ella ya tenía pensado retirarse antes de que el público pudiera detectar una sola arruga en su rostro.

"Si fuera a dirigir a la Hepburn le daría un papel que evocara al que interpretó en Gloria por un día. La chica estridente y de voz ronca de esa película era la verdadera Hepburn".

¡Pues con ella tampoco! Me gustaría saber qué pasó para que el director y la actriz cohabitaran durante tantos años en el mismo mundillo sin llegar nunca a nada. ¿Problemas de agenda? ¿De presupuesto? ¿Desavenencias personales?

"No hay prácticamente ninguna estrella de Hollywood cuyo potencial no me gustaría intentar modificar o desarrollar según el papel que interpretara".

Menos mal que eras flexible, Alfred, porque los pasteles que señalaste no fueron para nada los que acabaste comiéndote.

¿Por qué no dijiste nada de Cary Grant (Sospecha, Encadenados, Atrapa a un ladrón, Con la muerte en los talones) o Jimmy Stewart (La soga, La ventana indiscreta, El hombre que sabía demasiado, De entre los muertos)? Cuatro películas con cada uno. Lo habrías clavado.

Y... ¿qué habría dicho de imaginarse a Audrey... leyendo un libro sobre él...?

Qué se le va a hacer. La mayoría de las veces uno no consigue exactamente lo que desea... pero con un poco de suerte se obtiene algo inesperado y mejor.

viernes, 10 de junio de 2011

Cómo robar un millón... (y con éste van dos)



Y decimos que van dos, porque en marzo ya pusimos un post sobre esta película que es la tercera y última colaboración de Audrey Hepburn con William Wyler ("Vacaciones en Roma", 1953). Rodada en exteriores de París y en estudio, se estrenó en enero de 1966. Fue nominada al WGA al mejor guión de comedia americana. El productor fue Fred Kolhmar ("Pal Joey"), en su penúltimo trabajo.La acción tiene lugar en París en 1965. Narra la historia de Nicole Bonnet (Hepburn), hija de un rico propietario, pintor de falsificaciones de grandes maestros, como Van Gogh, que pone a la venta. Cuando Nicole advierte que su padre, Charles (Hugh Griffith), ha cometido el grave error de ceder temporalnente al Museo Nacional una falsa "Venus" de Cellini, decide contratar los servicios de un ladrón de guante blanco, Simon Dermont (Peter O'Toole), para recuperar la pieza antes de que se advierta su falsedad.La película es una comedia de humor, deliciosa y cautivadora, que se apoya sobre todo en la expresión visual. Enmarca la acción en un ambiente elegante y distinguido, en el que Hepburn se encuentra muy cómoda. Su relación con Simon muestra una simpatía que traspira frescura y verosimilitud. La imagen del padre, exagerada y chocante, refleja inconciencia, falta de sentido del riesgo y escasísima inteligencia, lo que obliga a la hija, lúcida y hábil, a asumir el papel de hada protectora, aún a riesgo de la propia seguridad. Son escenas destacadas la del trastero de dimensiones muy reducidas que usan los protagonistas durante el robo; la visita de Nicole al Ritz, vestida de negro y con el rostro cubierto con un velo, para contratar a Simon; la marcha por las calles de París del forgón blindado con escolta. Las imágenes exteriores de París constituyen un gratificante documento retrospectivo.La música es de John Williams, en una de sus primeras intervenciones en cine. Ofrece una excelente banda sonora, ajustada a la acción, que incluye marchas metálicas triunfales (recorrido del furgón), solos románticos de piano (encuentros de Nicole y Simon), composiciones orquestales que subrayan la comicidad y silencios que elevan el clima de suspense (escena del robo). La fotografía, de Charles Lang, incluye planos secuencia, visiones panorámicas con preferencia sobre primeros planos y un movimiento de cámara que no sigue a los actores, sino que deja que éstos se muevan en el espacio escénico. Usa una paleta exhuberante de colores vibrantes, muy bien armonizados. El vestuario de Hepburn, diseñado por Givenchy, su modisto preferido, es variado y magnífico. Las joyas de Cartier refuerzan el aire de distincion de Nicole. El guión, último trabajo de Henry Kurnitz ("Hatari!"), desarrolla la acción de modo irónico y alegre, con diálogos chispeantes y malentendidos jocosos. La dirección exhibe maestría, si bien imprime a la acción un ritmo más pausado del conveniente a una comedia.Película de grato entretenimiento, de humor fresco y jovial, en la que el factor visual es el elemento más importante de la narración.


El anterior puedes verlo en http://audreyhepburn-elegancia.blogspot.com/2011/03/como-robar-un-millon.html .




sábado, 4 de junio de 2011

Mansiones verdes


Única cinta en la que Mel Ferrer dirige a su esposa Audrey Hepburn. El rodaje abarca desde el 15 de julio hasta el 6 de noviembre de 1958, siendo su estreno el 19 de marzo de 1959 en el Radio City Music Hall de Nueva York. Fue un fracaso de crítica y público.Se basa en la novela del mismo título de W.H. Hudson, publicada en 1904. Narra la historia de Abel, un refugiado político que conoce en la selva sudamericana a una misteriosa adolescente llamada Rima, criada desde niña en la selva y amante del mundo natural y los animales.El guión es de Dorothy Kingsley, autora de varios guiones musicales de la Metro.Las tomas de fondo se realizaron en Venezuela y la Guayana Británica pero las tomas con los actores se hicieron en un estudio de la Metro en Culver City, California.Todos los planos rodados en exteriores son lejanos, realizados por extras y en los que aparecen los protagonistas se vislumbra claramente que son una recreación de estudio.Lo que a priori podría pensarse como una excelente oportunidad para ver una, como mínimo, entretenida película de aventuras en la selva exótica, va derrumbándose poco a poco con el paso de los minutos. El mayor activo del film, Audrey Hepburn, no aparece hasta bien empezado y aunque su presencia es lo más destacado, no consigue levantar el lánguido film. Para empezar porque el guión es incongruente (la prueba de Anthony Perkins con los indios, la serpiente, la sobada excusa del oro,...).La música no concuerda, es altisonante y a veces, desbordante en exceso.Pero, con todo, lo peor es la falta de química entre Anthony Perkins y la protagonista de “Vacaciones en Roma”. Queda claro que el protagonista de “Psicosis” no funciona aquí como galán. Muestra una considerable falta de “dote romántica” con la guapísima Audrey. Se echa en falta algún pequeño toque de humor, que suele adornar algunas películas de aventuras.El vestuario de Tony Perkins no se arruga en todo el film y el inadecuado vestido selvático de Audey tampoco (ni se ensucia nunca). Mel Ferrer no imprime ningún ritmo al film, que carece de emoción prácticamente desde el comienzo al final y la tensión dramática brilla por su ausencia. No funciona como film de aventuras ni como historia de amor.Algo positivo: la fotografía en magnífica Panavision, la primera película de Hollywood en utilizar este sistema.


Es cierto que se trata, por lo tanto, de una película menor si la comparamos con la extensa filmografía llena de tantos éxitos en la carrera de la bella actriz, sin embargo siempre es un deleite ver a Audrey tan joven y bella como siempre será recordada, amada por la luces y la cámara Audrey siempre enamora en cada uno de sus películas.