Moderno cuento de la Cenicienta en el que una dependienta de una “siniestra” librería de Greenwich Village, cerrada a las emociones y entusiasta de un movimiento filosófico denominado enfaticalismo, ve como su vida puede cambiar de la noche al día.Se trata de una simpática comedia romántico-musical, con una visión desenfadada sobre el mundo de la moda de los años 50. Tiene una estética muy llamativa, llena de colorido, utilizado de manera ingeniosa. La fotografía de Richard Avedon es muy destacable, así como los elegantes diseños de Givenchy, amigo personal de Audrey Hepburn y fiel colaborador.Se hace un poco de sorna respecto a los movimientos existencialistas de la época, en tono de broma, de la misma manera que se ridiculiza la superficialidad de algunos aspectos del mundo de la moda (por ejemplo, la modelo Marion, incapaz de pensar, sólo sabe poner posturitas), al tiempo que se elogia (tiene también la capacidad de hacer realidad los sueños o unir a personas).Respecto a los números musicales, hay un poco de todo: buenos números (como mi preferido, el de la ciudad del amor, París, en donde se hace un breve repaso de los ilustres monumentos, como la inolvidable estampa de la Victoria de Samotracia con Audrey de rojo o el de Fred Astaire en plan torero), otros simpáticos (como Think Pink, realmente ingenios y técnicamente muy logrado, o Como ser un encanto) y algunos más discretos.Sí es cierto que la diferencia de edad se nota, 27 radiantes años de Audrey por 57 de Fred, pero aún así la cinta funciona, gracias a la calidad de ambos, sobre todo, en los números musicales.La solvencia de Fred Astaire en este terreno es incuestionable: lleva el baile en las venas. Audrey Hepburn, elástica y etérea, bien dotada para el baile, no en vano fue bailarina en sus inicios, está a su altura, ejecutando magníficamente sus números.En definitiva, una película agradable, optimista, de gran belleza plástica en algunos momentos con tres grandes bailarines y grandes momentos musicales. Y luego está Audrey Hepburn, deslumbrante, en uno de sus mejores momentos (tiene tantos mejores momentos…)
martes, 29 de marzo de 2011
Funny Face
domingo, 27 de marzo de 2011
Look casual
En el 2007 se subastó un traje que lució la actriz en la película Breakfast at Tiffany's por un precio de 467.200 libras (unos 700.500 euros) destinando el dinero a un proyecto, impulsado por el escritor Dominique Lapierre, para dos escuelas en Bengala. Muchos quieren ver a Audrey Hepburn como un icono de moda, pero ella misma siempre huía de etiquetas y de falsos premios, por lo que siempre se mantuvo fiel a Givenchy, el modisto que la conocía mejor que nadie y el cual creó, para ella, su perfume L'Interdit. Su imagen radica en la elegancia natural y en la no ostentación de joyas ni vestuario, lo que le valíó una gran admiración por todo el mundo.
jueves, 17 de marzo de 2011
Una cara con ángel
Funny face
Hay ciertas películas que uno no sabe si votar atendiendo al corazón o a la cabeza. En este caso, si al final sólo hubiera atendido al análisis frío y calculador, mi nota hubiera sido un siete o un ocho. Pero mi conciencia me impedía no calificar con un diez este espectáculo tan maravilloso que puedo ver veces y más veces sin cansarme.Seguramente, desde un punto de vista técnico, esta película no sea una obra maestra, pero, cuando los sentimientos cobran vida, es difícil hacer valoraciones abstractas y puramente racionales.Muchos elementos hacen que esta cinta sea una de mis favoritas. En primer lugar, la conjunción de dos actores tan geniales como Audrey y Fred. Si ambos, por separado, son eternos, su unión representa una de las cimas del séptimo arte. Se tenía miedo de que la diferencia de edad entre ellos no hiciera creíble la historia de amor. Ese prejuicio sólo lo puede tener quien no conozca a Fred Astaire. Un hombre etéreo y ligero -como lo definió Vincente Minnelli-, que casi no es de este mundo, puede tener lo mismo veinte que cincuenta años, porque sus bailes lo elevan al cielo y lo alejan de lo terrenal y mundano.En segundo lugar, ese carácter eterno de ambos actores, unido al perfil de sus personajes (Astaire como un pragmático norteamericano, Audrey como una joven intelectual que desprecia al principio los sentimientos y el amor) evitan que la película caiga en un tono almibarado y de romanticismo pedante.En tercer lugar, nos encontramos con unas canciones inolvidables -"música de alas" ha escrito Cabrera Infante en “Cine o Sardina”- de George e Ira Gershwin , entre las que destacan "He loves, She loves", "Funny face", "Bonjour, París" o "´S wonderful", por ejemplo.Y, cómo no, hay que citar al gran director que fue Stanley Donen, un genio del musical que tiene en su haber películas como "Cantando bajo la lluvia", "Un día en Nueva York" o "Siete novias para siete hermanos", entre otras. Un genio que cumplió su sueño de dirigir a Fred Astaire, al que había visto siendo un niño en "Volando hacia Río de Janeiro", dirigiéndolo en "Bodas Reales" y en la película que nos ocupa.Para terminar, hay que decir que Fred y Audrey desearon enormemente trabajar juntos. Tambien ella, siendo niña, había soñado con bailar un día con Fred. Y éste sabía que Audrey era la mejor y no quería pasar la oportunidad de poder trabajar con ella.Dijo Terenci Moix en su magnífico libro “Mis inmortales del cine. Años 30”, en el capítulo dedicado a Fred Astaire, que esta película era y sigue siendo maravillosa. Lo será siempre porque, como hemos dicho, en sus imágenes y en su música sigue rezumando esa sensación de eternidad que tan pocas veces se alcanza.
La cinta tiene momentos antológicos, entre los que sobresale, para mi, la actuación de Astaire y Thompson en casa del Profesor. Entre los dos, mas de un siglo de edad, pero con un sentido del ritmo y una agilidad increibles. Como siempre que se podia no podia faltar Audrey luciendo modelitos de Givenchy y la banda sonora es memorable. Por ahora, la mejor pelicula de Audrey que he visto, y como las demás, absolutamente recomendable.
martes, 15 de marzo de 2011
Ariane (Love in the afternoon)
Posiblemente “Ariane” (“Love in the Afternoon”) no sea una de las más recordadas películas de Billy Wilder, pero es igualmente encantadora, contiene la esencia pura del romanticismo clásico, el irrepetible resplandor de Audrey Hepburn y el galante ocaso de Gary Cooper. Y eso, la hace única y fabulosa.
Planteada por Wilder como la comedia romántica que uniría a Cary Grant y Audrey Hepburn, “Ariane” acabó siendo una de las últimas obras en las que Cooper seduciría en la gran pantalla. Los problemas de agenda impidieron, una y otra vez, a Cary Grant trabajar con Billy Wilder, privándonos de una unión artística que evidentemente, hubiese dado sus excelentes resultados.
Con o sin Grant y viendo hoy por hoy “Ariane”, la presencia de Gary Cooper no deja de ser imponente, elegante, distinguida y convincente, en definitiva, la de un galán clásico. No dudamos que Hepburn, a pesar de la diferencia de edad que le separaba de Gary Cooper, pudiese enamorarse de él en la gran pantalla.
Sin embargo, “Ariane” fue criticada en su día por este hecho, y ni siquiera el actor de “Solo ante el peligro” estaba demasiado convencido de, a sus 56 años, poder ponerse en la piel de un gigoló internacional. La crítica fue dura, a pesar de que Wilder rodó los primeros planos del veterano actor con un ligero difuminado para suavizar sus arrugas.
“Ariane” seguía la estela comenzada con “Sabrina” que tan bien funcionó a la pareja Wilder-Hepburn. El primero, al igual que Wyler, Donen o muchos otros, supo sacar el máximo partido a la etérea y dulce presencia de la actriz belga, que en esta ocasión volvía a enamorar con su papel de tímida pero decidida joven que se enamoraba del hombre “aparentemente” equivocado. Del mismo modo, Hepburn supo sacar un buen partido de los brillantes diálogos de Wilder y Diamond (en la primera colaboración entre ambos guionistas, que tantas obras maestras crearon), de su distinguida puesta en escena y sus perfectas historias románticas del austriaco, para crecer como la actriz que fue y como la mítica estrella en que se convirtió.
Con el título original de “Love in the afternoon” que hacía alusión al momento del día reservado para el encuentro entre sus protagonistas (en una habitación de hotel en donde la imaginación del espectador hacía el resto...), “Ariane” nos situaba en su comienzo y con pericia y mucho humor, en la ciudad del amor, en París, para presentarnos al investigador privado, Claude Chavasse (Maurice Chevalier), que hacía de las infidelidades ajenas su trabajo. Uno de esos casos le lleva a espiar a Frank Flannagan (Gary Cooper), un empresario trotamundos que era, a su vez, un mujeriego de prestigio internacional. La hija de Chavasse, Ariane (Hepburn), coincidirá con Flannagan y se enamorará perdidamente de él.
Rodada en blanco y negro, en 1957, entre “El héroe solitario” y “Testigo de Cargo”, “Ariane” es una de las grandes historias románticas de Billy Wilder. En ella encontramos esa mezcla idónea de romanticismo y humor, digna del mejor heredero de Lubitsch. La presencia de Maurice Chevalier, otorga, con clase, el toque francés a la cinta, hay situaciones que se repiten con un motivo cómico, algo muy común en el cine de Wilder, como la del perro que ladra en malentendidos o los músicos gitanos que acompañan a Flannagan en todo momento, y detalles de guión que solo la pareja I.A.L Diamond y Wilder sabían crear. Es delicioso oír a Hepburn pronunciar “Papá” a Maurice Chevalier, ver de nuevo, la decoración de interiores de Alexander Trauner y deleitarnos con un final “de película” tan propio del cine clásico.
Una preciosa obra, a reivindicar dentro de la completísima carrera de Billy Wilder, que fue injustamente tratada en su momento, únicamente por presentarnos a un mujeriego con la edad de Gary Cooper, en una época en la que un libertino seductor no debía tener cerca de 60 años. “Ariane”, Hepburn, Cooper, Wilder, Diamond, Trauner, etc, son nombres y apellidos con los que se puede escribir la historia del cine. Recuperenla si no lo han hecho todavía.
viernes, 11 de marzo de 2011
...con diamantes
Breakfast at Tiffany's (Desayuno con diamantes en España) es una famosa película estadounidense del género comedia, rodada en 1961 y dirigida por Blake Edwards. Protagonizada por Audrey Hepburn y George Peppard, contó con un reparto de actores secundarios que incluía a Patricia Neal, Martin Balsam, Mickey Rooney y José Luis de Vilallonga. La película es una adaptación bastante libre de la novela del mismo título de Truman Capote.
La banda sonora fue compuesta por Henry Mancini, y en ella que se encuentra la famosa canción Moon River, con letra de Johnny Mercer.
En 1961 la película ganó dos premios Óscar en las categorías Mejor banda sonora y Mejor canción.
En ella, Holly (Audrey Hepburn) es una joven de la clase media neoyorkina que va de fiesta en fiesta con el fin de encontrar a un hombre rico que mantenga su ritmo de vida económicamente, siendo su mayor interés la tienda de joyas Tiffany's de la Quinta Avenida. Su vida cambiará cuando conozca a Paul (George Peppard), un escritor mantenido por su amante rica y algo mayor que él (Patricia Neal) que se mudará a un apartamento en el mismo bloque que ella.
Desayuno...
... con Audrey mañana... ¿Te imaginas desayunarse disfrutando de su cara? ¿Existen mujeres así o pertenecen a una época que no pude ni conocer?
Pero es imposible, es un sueño, murió en 1993 dejándonos para siempre su eterna sonrisa brillando en nuestros corazones.
sábado, 5 de marzo de 2011
Sabrina es una película dirigida por Billy Wilder en el año 1954. Es la adaptación de la obra de teatro Sabrina Fair, escrita por Samuel Taylor, y protagonizada por Audrey Hepburn, Humphrey Bogart y William Holden. Estuvo nominada a seis Oscar, entre los que estaban al mejor director, a la mejor actriz principal (Hepburn) y al mejor guión adaptado, pero finalmente solo ganaría el de mejor vestuario.
Argumento
Sabrina (Audrey Hepburn) es la hija del chófer. Desde lo alto del garaje, Sabrina ve cómo los Larrabee viven una vida de fiestas y lujo. Es una jovencita enamorada del hijo pequeño, David (William Holden). Por despecho intenta suicidarse, pero la llegada del hijo mayor, Linus, lo impide. Deciden enviar a Sabrina a París a una escuela de cocina, para que olvide y se forme. Y al cabo de un tiempo vuelve y lo hace convertida en una joven elegante y guapa que no sólo consigue llamar la atención de David...
Durante la película las relaciones entre Bogart y el resto del reparto fueron bastante tensas. Bogart aceptó ese papel porque su agente le convenció de que debía participar en una comedia, para mitigar la imagen de duro que tenía.[cita requerida] En cambio, la relación entre Hepburn y Holden fue excelente durante todo el rodaje.[cita requerida] La película tuvo una remake en 1995, dirigida por Sydney Pollack, con Julia Ormond como Sabrina, Greg Kinnear como David y Harrison Ford como Linus.
El maestro Wilder demuestra en ella su absoluto dominio de los resortes de la comedia clásica. Esta maravilla.... destila elegancia en cada secuencia y es, sin duda, una incontestable y deliciosa obra maestra, amén de una de las más encantadoras y elegantes comedias romántica de la historia del cine.
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